La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas.

Pedagogos de corta memoria

Por Hugo Yasky y Alejandro Demichelis

 

 

Nota publicada en Clarín el 18-09-2004 en respuesta al reportaje realizado a Cecilia Braslavsky publicada en el mismo medio el día 12-09-2004. (Ver a continuación).

 

 

Pedagogos de corta memoria.

 

Los personajes de la historia reciente, de la triste historia de los años 90 signados por Carlos Menem, vuelven a asomar la cabeza. Alegremente, alzan su voz con consejos y reflexiones sin una pizca de autocrítica.


Así lo hizo en un reportaje publicado el domingo 12 de septiembre en Clarín la pedagoga Cecilia Braslavky, que es actualmente directora de la Oficina Internacional de Educación de UNESCO, en Ginebra.


Esta profesora, que tiempo atrás deslumbraba con sus cátedras en la Facultad de Filosofía y Letras con teorías pedagógicas progresistas, fue en los gobiernos de Carlos Menem una de las autoras intelectuales del fracaso educativo que hoy perdura.

 

Por eso sorprende con qué liviandad formula las opiniones que dan forma a un reportaje hecho a miles de kilómetros de aquí, seguramente en un despacho y con un salario que en nada se parecen a las aulas que frecuentan y los salarios que reciben los docentes argentinos.

La doctora Braslavsky habla de "construir y fortalecer la identidad, seleccionadas desde las necesidades de los jóvenes y de la sociedad". ¿Las tuvo en cuenta cuando era funcionaria?

De la sorpresa pasamos al estupor cuando dice que conoce el modelo educativo para los jóvenes en la Argentina como "observadora" y "como madre que manda a su hija al Liceo público francés".

No recuerda que formó parte fundamental del equipo de tecnócratas que diseñó y ejecutó la Ley Federal de Educación. Tampoco recuerda que condujo los equipos técnicos que diseñaron los contenidos básicos comunes. Un manto piadoso de amnesia le ha hecho olvidar que fue una de las mentoras de la reforma educativa menemista, inspirada en las recetas del Banco Mundial.

Esa oleada neoliberal dejó un sistema educativo fragmentado y surcado de desigualdades.

Braslavsky habla también de que en una época de la historia argentina "existió una alianza fuerte entre la sociedad y la escuela, que hoy está lesionada". Sentada en una confortable oficina en Ginebra seguramente se hace difícil registrar a los miles de niños, jóvenes y adultos que noche a noche juntan papeles y cartones para poder vivir. ¿Será esa la "alianza lesionada" a la que hace referencia?

Como dicen Los Piojos en su tema: "Desde lejos no se ve".

 


 

EDUCACIÓN: CECILIA BRASLAVSKY, LA PEDAGOGA ARGENTINA QUE DIRIGE LA OFICINA INTERNACIONAL DE LA EDUCACIÓN DE UNESCO.


"Para que mejore la educación es necesario que cambie la sociedad", Asegura que la falta de capacitación "garantiza" desempleo y frustración.

La pedagoga argentina Cecilia Braslavsky es la actual directora de la Oficina Internacional de la Educación de UNESCO en esta ciudad. Y fue, como en 2001, la secretaria general de la 47° Conferencia Internacional de la Educación que terminó ayer en Ginebra. A minutos del cierre, Clarín dialogó sobre su tarea de décadas: la educación en la Argentina.



—¿Qué es una educación de calidad para los jóvenes, el tema de la Conferencia, en el siglo XXI?

—Es la que sirve para formar la capacidad de seguir aprendiendo, de resolver problemas, de construir y fortalecer la identidad. Es la que se selecciona desde las necesidades de los jóvenes y de la sociedad y no la que se define desde las instituciones.

—¿Cuáles son las fortalezas y debilidades del modelo educativo para los jóvenes en la Argentina?

—Hace casi 20 años hice investigaciones empíricas en secundarios y los conocía muy bien. Ahora los conozco como observadora, y como madre que manda a su hija al Liceo público francés. Algunos siguen garantizando una buena formación en competencias sociales y en una mayor equidad de géneros, por ejemplo.

 

La debilidad es cada vez más grande en la formación de lo que la psicología llama las habilidades intelectuales superiores. Para la formación es necesario el acercamiento al conocimiento riguroso y sistemático de disciplinas, como biología, química, matemática. Este es nuestro agujero negro. Si uno aprende con rigor aprende, entre otras cosas, el placer del logro y esto está muy debilitado en nuestros colegios.

—¿La sociedad deberá transformar a la educación o la educación a la sociedad?

—Como profesional yo debo trabajar para mejorar el sistema educativo. Pero creo que es la sociedad la que tiene que cambiar para que cambie la educación. La escuela ofrece algunos elementos para el cambio, pero la mayoría provienen de la familia, del mensaje colectivo, del sueño de la movilidad social.

 

Los argentinos deberíamos volver a tener una convicción visceral en la educación y esto no tiene que ver con una ilustración previa. Los inmigrantes que llegaron entre el siglo XIX y el XX tenían bajos niveles de formación. Estaban convencidos de que la educación les permitiría acceder a un mundo mejor.

 

Los líderes políticos de entonces creían que era un instrumento para la construcción de la identidad nacional. Esto permitió una alianza fuerte entre la sociedad y la escuela que hoy está lesionada.

—En el país, está extendida la idea de que el estudio no garantiza trabajo ni movilidad social.

—Aunque esto es claro la inversa también está clara: la no educación es una garantía de desempleo y frustración. El conocimiento también debería asociarse a la libertad y al poder, en el sentido más profundo y psicoanalítico del término. Freud decía que dos de las más grandes pulsiones de la vida son el poder y el conocimiento.

—En países empobrecidos, como el nuestro, ¿educación de calidad e inclusión social son dos términos en tensión?

—Esto es un error. Los países que dieron un salto hacia adelante en su educación lograron un equilibrio. Si se incluye a todos en un sistema de mala calidad, los jóvenes abandonan temprano, faltan más, tienen actitudes violentas en la escuela y se consigue es una inclusión aparente. La capacidad de inclusión social de un sistema se refuerza si su calidad es buena.

 

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