La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas.

Malvinas I y II.

Por Juan Bautista Yofre.

Una Junta desunida, militares ignorantes, país precario y aislado que avanza hacia el conflicto.

Malvinas I:

La Cancillería siempre fue el botín más preciado por los gobiernos constitucionales y los de facto. Hay siempre algo mágico, llamativo y deslumbrante alrededor del viejo Palacio Anchorena. Para muchos, entrar por los amplios portones de la calle Arenales 721 otorgaba (u otorga) lustre intelectual, ascenso en la ponderación social, cócteles, viajes al extranjero y buenos sueldos en el exterior. A tal punto que los ajenos a la Cancillería la llamaban "la cuna encantada". Esa visión un tanto superficial primó siempre, salvo en algunos períodos excepcionales.

El gobierno del Proceso de Reorganización Nacional no escapó a esta visión en marzo de 1976, aunque sus autoridades, además de interventores, se convirtieron en defensores de la moral pública: en medio de una "cacería de brujas", pusieron a todo el personal diplomático en la categoría "a confirmar", e instituyeron la calificación "SIF", es decir, la "situación irregular familiar".

Aquel que estaba divorciado se encontraba en problemas. Con el paso de las horas, varios funcionarios fueron echados desde el comienzo, sin mediar razones públicas. Todo era "sotto voce". Así se conocieron las expulsiones de Hugo Juan Gobbi, Vicente Berazategui, Ernesto Garzón Valdés, Teresa Flouret, Mario Cámpora, Juan Archibaldo Lanús, Lilian Alurralde, Albino Gómez, Félix Córdova Moyano, José Figuerola y May Lorenzo Alcalá, entre otros. Así como salieron despedidos unos funcionarios, fueron reincorporados otros que habían sido echados en administraciones anteriores, especialmente durante la "razzia" de Juan Alberto Vignes, el ex canciller de "Isabel" Martínez de Perón.

Dado el carácter castrense de la gestión, se impuso orden en la administración, pero fue un orden en medio del desorden. En apariencia todo funcionaba bien, se cumplían los horarios y cierta consideración existió para con el personal diplomático. Pero primó el desorden: no llegaron ideas nuevas, ni renovadoras, susceptibles de conciliar una lectura certera de lo que pasaba en el exterior.

También se intentó adaptar o modificar esa realidad internacional a partir de lo que ocurría en la Argentina. Los responsables de las malas lecturas de la situación internacional no eran los argentinos, sino los otros que no nos entendían.

En este contexto, la Guerra de las Malvinas no fue una excepción a la regla. Siempre se ha sostenido que la política exterior es la prolongación de lo que ocurre en el interior de un país. Y, precisamente, el "esquema de poder" que los militares se inventaron sólo prolongaba hacia afuera la enorme confusión que reinaba en la Argentina.

La pregunta más repetida en esos años era: ¿quién manda en la Argentina?

El interrogante lo formulaban cotidianamente los diplomáticos extranjeros, y en los días de la crisis de las Malvinas, en 1982, se lo observó en toda su dimensión: "No está claro quién manda acá. Tanto como 50 personas, incluyendo comandos de tropas, pueden estar ejerciendo vetos. Ciertamente, no puedo conseguir nada mejor en este momento", le escribió el secretario de Estado Alexander Haig a su colega británico, Francis Pym, en medio de las negociaciones previas al enfrentamiento armado en el Atlántico Sur.

En este contexto, la Guerra de las Malvinas no fue una excepción a la regla. Y los errores que se cometieron al evaluar la invasión del 2 de abril de 1982 sólo se entienden observando lo que ocurrió los años anteriores. Esta somera reseña, desde el 24 de marzo de 1976 hasta 1981, es tan sólo una muestra que explica los desaciertos que vendrían más tarde.

El 24 de marzo de 1976 fue una fecha esperanzadora para muchos. Pero sólo volvió a sacar a la superficie la crisis de la dirigencia argentina y, como era de esperar, el proceso terminó envuelto en un enorme fracaso. No sería el primero ni el último. Antes y después sobrevinieron otras decepciones.

En esta reseña queda reflejada la disputa dentro del poder en esos años, el mecanismo de toma de decisiones y su exteriorización hacia el mundo. Es la historia de personajes menores que ya muy pocos recuerdan y la de funcionarios lúcidos que no pudieron o no quisieron hacerse oír. La reseña está apoyada en testimonios de funcionarios diplomáticos, medios públicos, informes y minutas que circulaban por el Palacio San Martín y las principales embajadas argentinas en el exterior y, también, por qué no decirlo, de los apuntes personales del autor que hoy salen a la luz.

1976, LA ARMADA CONDUCE LA CANCILLERÍA

Junto con la asunción de Jorge Rafael Videla juró como ministro de Relaciones Exteriores y Culto el contralmirante César Augusto Guzzetti, un oficial submarinista que había pasado gran parte de su vida observando el mundo desde su periscopio. Toda una imagen.

La Cancillería cayó en manos de la Armada, de acuerdo con el 33% que demandó el reparto de las áreas de poder, y las embajadas también entraron en el "cuoteo", salvo contadas excepciones. A su vez, la administración de la Cancillería también se dividió en tres: Armada (política exterior), Ejército (personal y administración) y Fuerza Aérea (las relaciones y negociaciones comerciales con el exterior).

Como comentaría años más tarde, con la sutileza que lo caracteriza, el embajador Carlos 'Kiko' Keller Sarmiento, "la Cancillería se convirtió en un buque de guerra, con todos los pabellones de combate flameando al viento con una ocupación pacífica, pero eficiente de la Marina."

Al capitán de navío Gualter Allara le tocó ejercer como subsecretario de Relaciones Exteriores. Otros oficiales navales (especializados algunos en "inteligencia") y representantes del Ejército y la Fuerza Aérea se repartieron los cargos más importantes: el capitán de fragata Nelson Castro, Santoiani, Pérez Froio, Seisdedos, Cuadrado, Groppo y Vilardo conformaron los cuadros medios de la estructura de "la casa".

No estaban preparados para el desafío, y para que no quedaran dudas, un capitán de fragata hizo gala de su desconocimiento al afirmar durante una reunión en el Salón Verde: "Yo no sé nada de política exterior, pero me resulta muy divertida".

La línea de política exterior que habría de seguir Guzzetti estaba bien definida en las 'Bases para la intervención de las FF.AA. en el Proceso Nacional': "(...) ubicación internacional en el mundo occidental y cristiano, manteniendo la capacidad de autodeterminación, y asegurando el fortalecimiento de la presencia argentina en el concierto de las naciones".

Imbuido por el contenido de estos tres párrafos, el coronel Repetto Peláez irrumpió en el despacho de Eduardo Lorenzo de Simone para ordenarle que "haga un plan para cerrar embajadas en Africa".

El funcionario, sorprendido, con su estilo parsimonioso y su voz nasal le respondió: "Coronel, ¿qué vamos a hacer con el Movimiento de Países No Alineados?". La cara del representante del Ejército se desfiguró: "¿Qué es eso?, espere un poco que voy a consultar". Casi al unísono, el canciller Guzzetti decía que "si nos aislamos, si discriminamos, si descartamos a unos por un motivo y a otros por otro motivo, comeremos carne -porque nadie nos comprará nada-pero seremos mediocres".

Más difícil de entender era para el comodoro Raúl Cura, subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales, cómo en los países del área socialista no regía la economía de mercado y que la política económica que allí imperaba era planificada y centralizada. "¿Cómo puede ser?", le preguntó a un joven consejero (hoy embajador). "¿Entonces dónde compran los rusos la comida si no tienen mercado?"

Por esos días un diplomático escribió: "Arnaldo (Musich) le dijo a Carlos (Muñiz) que hay que cuidar mucho a Enrique Ros, que es la única persona que puede revisar y arreglar con algún criterio las barbaridades que hacen, o algunas de ellas al menos".

También añadió que el canciller Guzzetti, después de Chile, tras sus contactos con Kissinger, "se agrandó y se cree estadista en serio, perdiendo la humildad, única virtud que lo adornaba".

A los pocos días de retornar de Santiago de Chile se dio uno de los diálogos irrepetibles que sonaron socarronamente por todas las paredes del Palacio San Martín. Fue entre el diplomático Quadri Castillo y el ministro Guzzetti:

Quadri Castillo: -Canciller, lo de la OEA salió bien, muy bien, ahora viene lo más complicado.

Guzzetti: -¿Ah sí? ¿Qué es?

Quadri Castillo: -Ahora viene el encuentro con (Antonio) Azeredo da Silveira, por la disputa de las represas.

Guzzetti: -Al negrito ése le pongo la cara número tres y lo paso al cuarto.

Pasaron los 90 días iniciales y la situación de los diplomáticos estaba sin resolverse. La mayoría del personal diplomático colgaba de un pincel, o mejor dicho seguía en "disponibilidad".

El canciller, pese a todo, no perdió su parquedad. Preguntado sobre cuál era el futuro de Raúl Giraldes (un embajador tildado de peronista) contestó: "Presenta un disparo en la línea de flotación". La pregunta vino a propósito de que Giraldes había sido convocado por el canciller días antes para informarle que él permanecería en la carrera. Aliviado por la noticia, cuando bajaba la enorme escalera de mármol que lleva a la calle Arenales escuchó que lo llamaban para que retornara al despacho de Guzzetti.

Al entrar nuevamente al despacho que en otras épocas había albergado a Saavedra Lamas, Paz, Zavala Ortiz o Cárcano, el almirante le dijo: "Me equivoqué, su situación continúa bajo análisis de la Junta". Guzzetti pensaba que había conversado con otro embajador y Giraldes debió ser reconfortado en la enfermería del palacio.

Por aquel entonces los funcionarios más influyentes eran: Juan Carlos Arlía (un experto en derechos humanos), Ezequiel Pereyra Zorraquín (director de Política), el coronel (RE) Rafael 'Manzanita' Giménez, y Oscar Ataide (un marino retirado del servicio por encallar un barco). Existieron otros, aunque nombrarlos no lleva al fondo de la cuestión.

El 4 de abril 1976 llegó a Buenos Aires el ministro de Marina de Brasil, almirante Geraldo Azevedo Henning. Traía en su portafolio un proyecto largamente acariciado por la Armada de la Argentina: la conformación de un tratado defensivo en el Atlántico Sur que pretendía cortar el avance de la influencia soviética-cubana y defender las rutas de aprovisionamiento de petróleo de los países occidentales. Esperaban contar para tales fines con la colaboración de las armadas de Brasil, Sudáfrica, Uruguay y los Estados Unidos.

La participación brasileña se resquebrajó el 21 de septiembre de ese año, cuando el canciller Azeredo da Silveira declaró públicamente que "no hay la menor posibilidad de constitución de un sistema colectivo de defensa... aun menos con la presencia incómoda e indeseable de África del Sur".

De todas maneras, haciendo oídos sordos, la Cancillería envió al ministro Alfredo Oliva Day como encargado de Negocios en Sudáfrica y los planes de acercamiento al régimen del 'apartheid' continuaron avanzando, exponiendo a la Argentina en el bloque de países No Alineados.

Es más, la Fuerza Aérea intentó vender sin resultados sus aviones Pucará. El presidente Videla, influenciado en gran parte por el equipo económico, no estaba muy convencido de continuar en un bloque cuya voz cantante la llevaban Cuba, Libia y otros países influidos por la Unión Soviética.

La decisión quedó en suspenso luego de un almuerzo que el Presidente mantuvo con varios ex cancilleres, entre otros Miguel Ángel Zavala Ortiz e Hipólito Jesús Paz. El ágape sirvió además para reflejar el espíritu de competencia que reinaba entre las armas. Fue cuando el canciller Guzzetti se quejó a Videla por no haber sido invitado en momentos en que se analizaban temas de su área de competencia.

La respuesta del Presidente de la Nación, casi una excepción con su estilo conciliador, fue que era su prerrogativa almorzar con quien quisiera.

Como se observará en otros momentos, la decisión fue acertada:

La permanencia de la Argentina en los No Alineados coadyuvó a los reclamos argentinos en el Beagle (1977/78); respaldó los reclamos de soberanía en las Malvinas y silenció las acusaciones de violaciones a los derechos humanos.

Enfrentado con esta decisión, el ex canciller de Juan Carlos Onganía, Nicanor Costa Méndez, desde el mensuario 'Carta Política', escribió: "Los juristas sostienen que la Argentina esta jurídicamente alineada con los Estados Unidos. Por lo menos en una alianza defensiva. (...)

No necesitamos militar en el Tercer Mundo, al que no pertenecemos. La militancia en el grupo de los No Alineados puede alejarnos de nuestros viejos amigos y de nuestros naturales aliados. De aquellos países con los que mantenemos activo comercio y activas relaciones económicas y financieras. (...)

Otro asunto nos debe mover a reflexión. Las Malvinas. Necesitamos los votos de la mayoría (de la Asamblea General de las Naciones Unidas), dicen los especialistas. No parece ser así, sin embargo. La intervención de las Naciones Unidas permitió comenzar las negociaciones.

Es verdad. Ninguna influencia tuvo, empero, en las etapas siguientes; anualmente la Asamblea General reitera la exhortación a Gran Bretaña. Gran Bretaña no responde a esa exhortación y su silencio no tiene sanción alguna. Conviene determinar si vale la pena limitar nuestra libertad exterior y prendar nuestra independencia en las Naciones Unidas, para asegurar un hipotético voto mayoritario cuya eficacia hasta ahora no se ha demostrado."

El 18 de junio de 1976, la militante montonera Ana María González, aprovechando la amistad con la hija del jefe de la Policía Federal, general Cesario Cardozo, lo asesinó colocándole explosivos debajo de la cama. El hecho conmocionó al país.

Para sucederlo se habló de varios candidatos: Adel Vilas (lo pidió expresamente por telegrama) y los generales Buaso, Mujica y Corbetta. Fue elegido este último, que duró muy poco en el cargo. Cada asesinato terrorista endurecía el frente interno militar y le quitaba espacio de maniobra a la dirigencia política.

Semanas más tarde el terrorismo voló el comedor del Departamento de Coordinación de la Policía Federal. Un clima enrarecido y de temor fue la respuesta inmediata. "¿Quién manda?", se preguntaron funcionarios de la Cuenca del Plata de la Cancillería. "Videla no podrá sostenerse más si se cometen dos o tres crímenes importantes", le dijo un general retirado al embajador Sanz.

Durante un almuerzo entre dos periodistas (hoy muy conocidos) y un colaborador militar, en el restorán 'La Marina', los hombres de prensa se sorprendieron cuando escucharon: "Videla sigue sin tomar decisiones, de continuar así lo pueden sacar".

Conceptos similares sostenía en esas horas un consejero (hoy embajador), de extracción peronista: "Esta situación no puede perdurar dos meses más. Se corre el peligro de que caiga Videla".

La visita de Hugo Banzer no fue el primero ni el último incidente generador de celos entre los miembros de la Junta Militar: cerca de fin de año, el presidente boliviano Hugo Banzer Suárez devolvió la visita que Jorge Rafael Videla hizo a La Paz.

Durante su estadía se quedó sorprendido por los problemas de protocolo que se le planteaban desde los distintos comandos militares. Como es de costumbre, el visitante invistió con la más alta condecoración al dueño de casa, en este caso al presidente Videla. Grande fue la sorpresa que se llevó cuando desembarcó en Buenos Aires: se le reclamaron dos condecoraciones más para los restantes miembros de la Junta, que fueron traídas urgentemente desde La Paz.

Esos inconvenientes no fueron inusuales. El 8 de junio, el almirante Eduardo Massera realizó una visita a Ecuador y Nicaragua. Lo hacía como miembro de la Junta Militar, no como comandante de la Armada. El viaje se organizó tan precipitadamente que de los cuatro collares de la Orden del Libertador que necesitaba para otorgar en su periplo (en Ecuador gobernaba una Junta) sólo consiguió dos. En un gesto desacostumbrado, le pidió prestada la suya al cardenal Antonio Caggiano.

En Ecuador, luego de condecorar a los tres miembros del gobierno, le pidió como favor especial a su colega de la Armada que se la devolviera con la promesa de que le haría enviar otra desde Buenos Aires. Con la que le restituyeron condecoró posteriormente a Anastasio Somoza Debayle. Massera fue acompañado por personal de la Cancillería, entre otros el director del Departamento América Latina y el director nacional de Protocolo y Ceremonial: "Todo esto no hace más que confundir las cosas y restar al Presidente poder de negociación en el exterior", escribió un observador.

El 9 de septiembre, a los 82 años, murió Mao Tsé Tung, el líder de la revolución en China. El 4 de noviembre de 1976, el demócrata James Carter le ganó en la elección presidencial al republicano Gerald Ford.

Un télex informativo llegaba a una importante empresa argentina operadora de "commodities" desde Nueva York. En el texto se sostenía que "el embajador Robert Hill habría mandado un informe sobre la Argentina que fue distribuido a los legisladores con carácter de 'clasificado'.

Este informe sería ampliamente negativo para con el gobierno de Videla. (...) El triunfo de Carter presenta una perspectiva más dura para la Argentina en cuanto al tema derechos humanos. Aunque su ideología es 'no intervencionista', su propósito era la 'presencia moral' norteamericana (y) podría concretarse en decisiones desfavorables para países como la Argentina, cuestionados por este tema.

El propósito de algunos grupos cercanos a Carter es atar el tema con los factores económicos, tales como preferencias arancelarias, créditos, etc. Una frase muy repetida es: 'Que maten toda la gente que quieran, pero que no lo hagan con nuestros impuestos, nuestro dinero. (...) Un factor favorable (para la Argentina) es que, en general, nadie confunde a Videla con Pinochet.

Otro factor es que al grueso de la población no le interesa el tema en absoluto".  El jueves 11 de noviembre, Videla inició una visita oficial a Chile, suscribiendo en la oportunidad doce acuerdos bilaterales ( entre otros, uno de venta de trigo a Chile por 500.000 toneladas anuales, y otro de compraventa de gas).

MALVINAS EN 1976

Desde el 16 de noviembre de 1965, la Argentina contaba a su favor con la Resolución 2.065 de las Naciones Unidas que instaba a la Argentina y a Gran Bretaña e Irlanda del Norte "a proseguir sin demora las negociaciones recomendadas por el Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la declaración sobre la concesión de independencia de los países y pueblos coloniales, a fin de encontrar una solución pacífica al problema, teniendo debidamente en cuenta las disposiciones y objetivos de la Carta de las Naciones Unidas y de la Resolución 1.514 (XV), así como los intereses de la población de las Malvinas (Falkland Islands)".

En su punto 2°, la resolución pedía a ambos gobiernos que "informen al Comité Especial y a la Asamblea General, en el vigésimo primer período de sesiones (es decir, 1966) sobre el resultado de las negociaciones".

En pocas palabras, por primera vez se reconocía una disputa de soberanía y aparece la palabra "intereses" de los pobladores (kelpers) y no los "deseos" de ellos. Hasta 1976 no se había producido ningún avance en las negociaciones, y año tras año, en cada reunión de la Asamblea General, los cancilleres argentinos hicieron escuchar sus protestas. Sin embargo, el 4 de febrero de 1976 se produjo un incidente armado, cuando un buque de la Armada Argentina disparó un tiro contra la cubierta del buque Shackleton, que iba a hacer un trabajo de prospección.

Los primeros encuentros entre los funcionarios del nuevo gobierno argentino y los británicos se realizaron en secreto en París, entre los días 10 y 11 de julio de 1976.

La delegación argentina la encabezó el subsecretario Gualter Allara y la británica Robin Edmonds, subsecretario del Foreign Office para Asuntos Latinoamericanos.

La intención fue sentar las bases para proseguir las negociaciones. Luego volvieron a hacer lo mismo en Buenos Aires el 7 y 8 de agosto. Y, meses más tarde, los días 22 y 23 de febrero de 1977. En esos momentos, la Argentina proponía una administración conjunta como etapa provisional y progresiva previa al momento del traspaso definitivo de la soberanía.

Los ingleses, en ese caso, preferían hablar de cooperación conjunta en temas tales como explotación de hidrocarburos y régimen de pesquerías. El 7 de noviembre de 1976, la Armada Argentina comenzó a construir, bajo una estricta reserva, un observatorio en la isla Thule, en el extremo austral de las islas Sandwich.

El gobierno inglés pidió explicaciones y la Argentina respondió que era para realizar estudios científicos de manera provisoria. Después de intercambiar notas, finalmente Gran Bretaña presentó una protesta formal que se fue diluyendo con el tiempo. No hubo otro procedimiento y esto hizo pensar más tarde en el Plan Goa.

Ya entonces la Armada, bajo la conducción de Eduardo Emilio Massera y con la dirección del capitán de navío Jorge Anaya, diseñó el Plan Goa, basado en la experiencia de la ocupación de la India, en 1961, de la isla portuguesa de Goa y la ausencia casi total de reacción internacional.

El plan contemplaba la ocupación y el traslado de los kelpers a Montevideo. La India lo había podido realizar dado el franco retroceso de Portugal de sus colonias y su escaso predicamento en la escena internacional. El año terminó con una resolución en Naciones Unidas donde se felicita a la Argentina por los esfuerzos realizados para favorecer el proceso de descolonización en las Malvinas y promover el bienestar.

La resolución fue aprobada con 102 votos a favor, 32 abstenciones y el voto contrario de Gran Bretaña. "Miremos al mar, que es también parte de la patria", aconsejó Massera en la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales.

1977, LA ARGENTINA HACIA EL AISLAMIENTO

El 8 de enero, la Cancillería realizó un balance de su gestión hasta ese momento. Entre los modestos resultados, valoraba "la ruptura del hielo de nuestras relaciones con Brasil y el mayor acercamiento con nuestros países vecinos como resultado de una mayor dinámica diplomática". Puro optimismo.

Poco tiempo después, el canciller Azeredo da Silveira puso las cosas en términos más realistas cuando afirmó en el Senado de su país que Brasil no tenía nada que discutir con la Argentina sobre la construcción de la represa de Itaipú. Y afirmó también que Paraguay ya no realizaba una política pendular, entre su país y la Argentina, dado que "en la actualidad Paraguay se inclina sólo hacia Brasil". Mientras sus autoridades hacían sus balances, el personal seguía en "disponibilidad".

Poco más tarde, entre el 10 y el 11 de febrero, los altos mandos del Ejército analizaron la marcha de las relaciones internacionales con su comandante en jefe y Presidente de la Nación. En la oportunidad se llegó a la conclusión de que en materia internacional lo más indicado era "tender hacia el aislamiento", como consecuencia de las imputaciones sobre violaciones a los derechos humanos.

Una calificada fuente aseguró que los generales analizaron el rompimiento de relaciones con México y Francia por la facilidad que se les daba en esos países a elementos subversivos.

Para rechazar esas acusaciones, el 13 de marzo se inició un cónclave de embajadores acreditados en Europa occidental y organismos internacionales con la coordinación del capitán de navío Gualter Allara.

La cumbre tuvo un doble propósito: "Esclarecer la situación nacional e intensificar las relaciones de nuestro país con Europa occidental".

Una cosa quedó clara: el gobierno necesitaba "esclarecer" los hechos y las consecuencias de la guerra interna que se estaba librando en la Argentina.

Como conclusión, se decidió estructurar un 'centro de difusión' de la imagen argentina con sede en París. Para tal fin, a pesar del disgusto del embajador Tomás de Anchorena, el 'centro' se llenó de oficiales navales y luego de descartar a Magdalena Ruiz Guiñazú y Ricardo Curutchet (director de la revista 'Cabildo'), fue designado el veterano periodista Alfredo Bufano.

"La reunión de París fue lamentable, el único que sobresalió fue Víctor Massuh (embajador en la UNESCO). Semanas antes, el 18 de febrero, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ER) dio otra vuelta de tuerca al intentar asesinar al presidente Videla cuando despegaba del Aeroparque Metropolitano (Operación Gaviota).

Dos hechos negativos demandarían especial atención de las autoridades del Palacio San Martín en los meses siguientes.

Uno, el 14 de marzo de 1977, a un año de iniciado el Proceso de Reorganización Nacional, el Departamento de Estado dio a conocer un severo informe sobre la situación de los derechos humanos en la Argentina. La Cancillería respondió que rechazaba "de plano las infundadas acusaciones contenidas en el informe", y reafirmó su decisión de "no permitir injerencia externa alguna en asuntos de jurisdicción exclusiva de nuestro país".

Previamente, en febrero, Cyrus Vance en persona anunció que seis países latinoamericanos quedaron marginados de la ayuda militar estadounidense. La Argentina era uno de ellos.

A través de la Enmienda Humphrey-Kennedy, se le redujo a la Argentina el crédito norteamericano de U$S 32 millones a U$S 15,7 millones del presupuesto del Programa de Asistencia para la Seguridad. La sanción guardaba directa relación con la violación a los derechos humanos. El gobierno, entonces, el 1 de marzo de 1977, rechazó toda ayuda, porque entendía que mantenerlo era convalidar las acusaciones de la administración Carter.

A los tres meses de haber llegado Carter a la Casa Blanca, en abril hizo su primera visita a Buenos Aires la subsecretaria de Derechos Humanos, Patricia Derian, quien luego de mantener entrevistas a nivel oficial, volvió a su país con una "sensación negativa".

El sábado 30 de abril de 1977, las Madres de Plaza de Mayo, encabezadas por su fundadora, Azucena Villaflor, hicieron su primera ronda alrededor de la Pirámide.

Fue cerca de las 16:30. Fueron pocas, luego decidieron que realizarían sus marchas los jueves de cada semana, a las 15:30.

El segundo: el 2 de mayo de 1977 es comunicado oficialmente el fallo arbitral sobre el litigio con Chile del canal Beagle. La sentencia de los cinco jueces, representantes de los Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Suecia y Nigeria, resultó francamente favorable a las aspiraciones chilenas de extender su presencia al océano Atlántico.

Así nació un conflicto que llevaría al país en 1978 al borde de la guerra con Chile. La resolución de la Corte Arbitral causó indignación en el gobierno militar, y también entre la clase política: el 4 de octubre, varios dirigentes solicitaron públicamente el rechazo del fallo del Beagle, entre otros Raúl Alfonsín, Miguel Unamuno, Eloy Próspero Camus y Roberto Ares.

Al cumplirse un año del inicio de su gestión, Videla pronunció un largo discurso que fue televisado. Francisco Guillermo 'Paco' Manrique opinó que "nos obliga desde adentro (él se sentía parte del Proceso), la necesidad de decir que vimos en pantalla a un ciudadano descontento, quizá trabado en sus dichos por esta inexplicable e inadmisible confusión del poder en su cúspide".

"Ya estamos impacientes", tituló 'Prensa Libre', un diario de la mañana con cierta afinidad con Massera.

El 7 de mayo, como una muestra más del estado de guerra interna que se vivía, un comando montonero atentó contra el canciller César Augusto Guzzetti, en el interior de una clínica privada. Lo abandonaron dándolo por muerto después de pegarle varios tiros, usando una almohada para tapar las explosiones. Fue reemplazado por el contralmirante Oscar Antonio Montes.

"El cambio de Montes por Guzzetti no agrega nada especial. Sólo que, se sostiene en la Cancillería, como licenciado en diplomacia tendrá más facilidad para entender 'el negocio'. Novedades en la Cancillería no hay muchas. Sólo que a (la candidatura de) Lucio García del Solar se lo ha reemplazado por Enrique Ros para Naciones Unidas.

Su cuñado Hugo Gobbi el otro día explicó algunos temas de política internacional, ante gente uniformada inquieta por los temas de la Cancillería. Hablando sobre Brasil, dijo que sí existían errores, pero que era injusto endilgarlos a Camilión, pues él estaba aislado con un ministerio que prácticamente no le daba, ni había dado, instrucciones". (Carta de un observador al embajador Oscar Camilión, del 31 de mayo de 1977).

Días más tarde, el presidente Videla realizó una visita oficial a Caracas, Venezuela, y fue recibido por Carlos Andrés Pérez. En la ocasión, durante una conferencia de prensa, el mandatario argentino negó que hubiera "malestar en las Fuerzas Armadas" y reconoció "un exceso de la represión en las fuerzas del orden".

La visita fue calificada como "satisfactoria" por algunas fuentes oficiales. En general, el mérito le fue atribuido al embajador argentino en Caracas, el dirigente radical Héctor Hidalgo Solá. Con méritos o sin ellos, el 18 de julio de 1977, Hidalgo Solá, el embajador nombrado a instancias de la Secretaría General de la Presidencia (el núcleo más próximo a Videla), fue secuestrado por un comando paramilitar y nunca más apareció.

En agosto, Patricia Derian fue nuevamente de visita a Buenos Aires.

En la Cancillería mantuvo un encuentro antológico. Fue con el subsecretario Gualter Allara y el embajador Juan Carlos Arlía. Tenían visiones encontradas: Arlía se quejó porque cuando un subversivo violaba los derechos humanos, los Estados Unidos no decían nada, pero sí cuando se comete un exceso en la lucha contra la subversión.

Derian le dijo entonces que cuando un guerrillero cometía un acto, de por sí implicaba una violación a los derechos humanos, por lo tanto estaba implícito en su accionar violar los derechos humanos. Pero que ella no podía entender cómo un Estado podía violar los derechos humanos, cuando en un estado de derecho ellos deben ser protegidos. Arlía seguidamente comparó la violación de los derechos humanos en la Argentina con los cometidos por los americanos durante el apagón en Nueva York. Y remató, a los presos por los saqueos, "en las cárceles donde entraban tres, ustedes pusieron diez".

En ese marco de violencia y creciente soledad internacional, el 6 de septiembre, Videla, a pesar de desaconsejarlo el embajador Aja Espil y su segundo, el ministro Gastón de Prat-Gay, viajó a Washington para estar presente en la firma de los Tratados del Canal de Panamá, entre Carter y Omar Torrijos.

En la ocasión, el mandatario argentino tuvo una conversación a solas con el Presidente norteamericano. Para que la cita se realizara, medió Carlos Andrés Pérez, entre otros. En una conferencia de prensa, Videla prometió una Navidad sin presos políticos; también mantuvo entrevistas con políticos norteamericanos, columnistas (James Reston) y editores de diarios.

No le fue mal al Presidente argentino: pudo afianzar la imagen de un primer mandatario "moderado" rodeado por un "grupo de caníbales", como dejó traslucir un comentario periodístico estadounidense. Cuando comenzaba su visita a Washington, la Armada dejó trascender que no participaría de los ejercicios conjuntos UNITAS (por el bloqueo a los créditos para compra de armas) y es secuestrado el profesor Alfredo Bravo por un "comando operativo".

En octubre se cumplieron tres meses de la desaparición de Héctor Hidalgo Solá y comenzaban a darse nombres para sucederlo.

Uno de ellos fue el del general (RE) Haroldo 'Cholo' Pomar, un íntimo amigo de Roberto Eduardo Viola. La Cancillería venezolana hizo oír su voz a través de un mensaje: "deseamos que el próximo titular de la representación argentina sea un funcionario de carrera".

En virtud de ese pedido, fue designado Federico Carlos Barttfeld, hasta ese momento director del departamento América latina, considerado un "duro" en las relaciones con Brasil. El general Pomar sería postulado para embajador en Uruguay, gobernador en Misiones, y finalmente terminó como interventor en YCF. Daba lo mismo.

El 21 de noviembre, como cerrando el año, llegó el secretario de Estado, Cyrus Vance, al frente de una importante delegación. La entrevista más tempestuosa fue con el almirante Massera, quien luego de las presentaciones de estilo entró en tema señalando que la restricción al programa de ayuda militar representaba un agravio para la marina de guerra.

Vance atinó a responder que obedecía a los nuevos lineamientos de la política exterior de su país, sustentada en el respeto a los derechos humanos. Y aprovechó para dejar constancia de que durante el secuestro de Oscar Serrat, periodista de Associated Press, según su información había pasado por la ESMA, "lugar donde suceden cosas muy raras".

Con Videla, el secretario de Estado trató la cuestión de la firma del Tratado de Tlatelolco. Videla prometió ratificarlo, pero nunca lo hizo.

La visita al comandante de la Fuerza Aérea, Orlando Ramón Agosti, fue corta, inocua y aburrida, pero estaba obligado a hacerla. Hablaron de Washington, ciudad en la que el jefe aeronáutico había vivido en años anteriores. Poco antes de partir de la Argentina, un alto miembro de la delegación norteamericana le dijo a un periodista, 'off the record', que se iba "abrumado por la mediocridad del elenco gobernante en su país".

Cyrus Vance no estaba de acuerdo en visitar personalmente a cada uno de los miembros de la Junta Militar. Según la embajada, Vance debía ser recibido por la Junta y luego retirarse a conversar directamente con el presidente Videla.

UN PAÍS EN 'OFF THE RECORD'

Más categórico y más crítico era en esos días un miembro de la Junta Militar. "El actual gobierno militar es el peor que ha habido en toda la historia de los gobiernos militares", dijo el almirante Emilio Eduardo Massera, durante un 'off the record'.

Y siguió: "No hay que descartar que en marzo pueda haber una huelga general en virtud de la desastrosa situación económica... pero Videla se ha empeñado en mantener a Martínez de Hoz. Yo soy pesimista con respecto a la situación económica, si esto sigue así, me voy a tener que ir".

La ausencia de unidad de pensamiento en los altos niveles del poder militar era un tema cotidiano.

Así, Massera dijo: "La falta de coherencia dentro del Ejército es total. Todo el mundo habla un idioma distinto. Yo, por mi parte, he repartido una cartilla a mi oficialidad sobre los distintos temas de la actualidad nacional, para evitar este tipo de contradicciones". Luego se preguntó: "¿Cuál es la opinión del Ejército, si Harguindeguy (ministro del Interior) dice una cosa, Díaz Bessone (ministro de Planeamiento) otra y Videla otra?".

Con referencia a los presos políticos y la represión al terrorismo, opinó que "a Isabel (Perón) y Lorenzo Miguel hay que soltarlos pues no se les ha podido probar absolutamente nada". Sin inmutarse, luego agregó: "Hay que terminar con la represión indiscriminada".

Se vivía un clima esquizofrénico y los diplomáticos lo percibían de esa manera. Quién mejor para expresarlo que Hugo Ezequiel Lezama, en ese entonces director del boletín político 'Convicción', cercano a la Armada.

En el número 12, segunda quincena de septiembre de 1977, escribió: "Todos sabemos que la Junta es el poder supremo encargado de establecer las grandes políticas generales y vigilar el cumplimiento de los objetivos del Proceso. Pero la Junta es mucho más que eso. La Junta tiene que ser la entidad que exprese a toda la República. Por eso, y aunque a primera vista parezca un absurdo, la Junta no puede ser sistemáticamente oficialista porque la Junta debe ser también oposición".

En el Palacio San Martín los diplomáticos hablaban en voz baja, en el periodismo también.

En la intimidad de una redacción se desgrabó el testimonio de un asistente a una reunión peculiar. Fue entre el almirante Massera y cuatro ex diputados peronistas, algunos habían pertenecido al 'Grupo de Trabajo'. La cita, organizada por el ex diputado Luis Sobrino Aranda, fue el miércoles 26 de octubre de 1977, en un hotel de Madrid.

Trabajando en 'La Opinión' se me pidió desgrabar la casete. Una copia la conservo en mi archivo. A mano apunté los nombres de Sobrino Aranda, Santiago Díaz Ortiz, Rodolfo Vittar, Julio Bárbaro y Bajczman. La casete llegó al matutino por instancias de Ángel Federico Robledo.

Algunos de los pasajes de la exposición del alto jefe naval eran antológicos. Con un lenguaje llano y directo, Eduardo Massera dijo:

Que venía a proponer la creación de un gran movimiento nacional, "donde tengan cabida, desde una izquierda inteligente, donde el peronismo tendría un rol importante, hasta una derecha controlada... con un programa socialdemócrata". En la ocasión volvió a cargar sobre el titular del Ministerio de Economía. Fue cuando comentó que él no estaba "para nada de acuerdo con la política de Martínez de Hoz, que no sólo había hecho desaparecer la clase media, sino que llevaba al país al total descalabro económico. Por lo tanto en noviembre probablemente, en forma pública, voy a pedir la renuncia de Martínez de Hoz".

El que escuchó estas declaraciones pensó que, en ese momento, las declaraciones del jefe naval resultaban injustas. Martínez de Hoz llegó al Ministerio de Economía gracias a la presión de la Armada, y es más: según relató un médico, el doctor Carlos Capdevilla tuvo que internar de urgencia a Martínez de Hoz en razón de "una intensa anemia", en razón de sus doce horas diarias de trabajo.

Fue internado en el Hospital Militar Central por razones de seguridad. El cuadro presentaba "tres úlceras sangrantes en el duodeno". Lo operó el doctor Stell, quien había sido su compañero en el colegio Nacional Central. "Ahora me las vas a pagar todas juntas", le dijo Stell en sentido jocoso. Y el chiste lo hizo en razón de antiguas competencias. Fueron compañeros de curso y siempre Martínez de Hoz era el primero y Stell el segundo.

Massera también dijo: "Otra cosa que voy a agregar en la mesa (de la Junta Militar) es que yo quiero dar la lista de los detenidos, la lista de los detenidos de la Marina", y comentó que en la última reunión de la Junta (antes de partir para Europa), planteó al Ejército la necesidad de hacerlo, a lo que Videla le habría contestado: "Mirá, yo esto lo necesito igual que vos, porque entiendo que la situación de lo contrario se hace imbancable. Pero no lo puedo hacer, ya que no lo controlo (al Ejército), sin correr el riesgo de desatar algo peor".

Ante la respuesta del jefe militar, Massera dijo que esto puede aparecer como una justificación que "no toleraba", porque en este aspecto la Armada estaba tranquila porque había procedido coherentemente, teniendo "pruebas para demostrar que no se habían cometido acciones indiscriminadas. Nuestro objetivo sí fue eliminar la guerrilla, el que pensamos ya casi concretado".

Se refirió con un desdén inusual a un ministro del gabinete presidencial. Ante una pregunta sobre el papel del Ministerio de Planeamiento, y su titular el general de división Genaro Díaz Bessone, afirmó sin anestesia: "Ese es un pobre boludo que me hace acordar a Damasco". (El coronel Vicente Damasco fue ministro del Interior de Isabel Perón y, según afirmaba, depositario del plan político de Juan Domingo Perón sobre la 'Comunidad Organizada').

Finalizó diciendo que nadie daba ni pedía nada (de los presentes en la reunión) y que sólo deseaba que se informaran de su proyecto político (el otro, antagónico, era el del general Roberto Viola). "Entonces, el 20 de noviembre a más tardar, viajará a Europa un capitán de corbeta a hablar sobre alianzas, arreglos y planes para arribar a este objetivo".

El 22, Ricardo Balbín dijo que "nunca como hoy se han dicho tantos discursos" y que ellos "comportan una penetración en el trasfondo político del país y cuya abundancia, como contradictorio significado están produciendo un desconcierto general muy perjudicial".

Discursos por doquier. Uno de ellos pronunciado desde Coronel Suárez por el ministro del Interior, Albano Harguindeguy: "Las FF.AA. no pueden transitar solas el camino que lleve a la obtención de los objetivos fijados en la etapa fundacional. Eso es imposible. Esa etapa no tiene plazos sino objetivos; pero si bien no quiero hablar de cifras, puedo anticipar que el período comprenderá muchos años".

El mediodía del 23, Massera dijo irónicamente a los corresponsales extranjeros que "lo que pasa es que el ministro se puso nervioso y en vez de decir 1978 dijo 1987. Si todo sale bien habrá elecciones en 1979, si sale mal en 1978".

El 23 de noviembre de 1977, Videla también hizo su 'off the record'. Fue con los directores de revistas: Mariano Grondona ('Carta Política'), Gabrieli ('Competencia'), Hugo Gambini ('Redacción'), Bernardo Neustadt ('Extra'), Agulla ('Confirmado') y Olivera ('Discusión').

Entre otros conceptos, el Presidente dijo que "el plan Díaz Bessone no constituye el plan del gobierno, no lo tomen en cuenta". Hablando sobre la herencia de su gobierno, fue escatológico: "El proceso es como un hueso pelado, al que hay que rodearlo, darle forma. Esta carne, por decirlo así, es el Movimiento de Opinión. Sobre dicho movimiento tengo, o surgen todavía, algunas dudas en cuanto al modo de su instrumentación". Uno de los presentes comentó que en la Argentina los movimientos de apoyo al gobierno siempre se han instrumentado desde el Estado, "vea si no el caso del Partido Conservador y el partido peronista".

Gambini, en ese momento, dijo que no se pueden utilizar procedimientos que no condicen con una auténtica democracia. "Yo en ese caso -dijo Gambini- me encontraré en la oposición." A lo que otro colega agregó: "Por supuesto, Hugo, yo nunca descarté que vos pasarías a la oposición".

Videla dijo que "los partidos políticos no habrán de intervenir en el Movimiento de Opinión". De todas maneras dijo que "me gustaría intercambiar impresiones con los políticos, pero ello se me hace imposible teniendo en cuenta la situación interna en las Fuerzas Armadas. Yo a las relaciones con los políticos me gustaría denominarlas 'clandestinas'", dando a entender que los contactos deberían realizarse a escondidas.

Dos medios sufrieron percances en esos días.

Uno, 'Correo de la Tarde', dirigido por Francisco 'Paco' Manrique, fue cerrado. El ex marino defendía al equipo económico con pasión, mientras Massera lo atacaba. Durante un encuentro personal, el temperamental ex marino y periodista le dijo a Massera que ésta "no era la Marina que había conocido y que se fuera a la puta que lo parió" (textual).

El otro medio fue 'La Opinión', intervenido por el gobierno militar. A su director, general José Teófilo Goyret, Videla le pidió la renuncia por oponerse a su política con Brasil.


Malvinas II:

"La política exterior continuará siendo el eje de la política del gobierno durante todo el año. Los delicados problemas de Beagle (Chile), Alto Paraná (Brasil y Paraguay), Malvinas (Gran Bretaña) y derechos humanos, seguirán ocupando la atención del gobierno, las Fuerzas Armadas y el país, acaparando las primeras planas de los medios de opinión".

Apuntes de un diálogo 'off the record' con Jorge Aja Espil, embajador argentino en Washington:

"Espero que el presidente Videla no se deje engañar por Pinochet, pues éste es muy rápido", le dijo hoy al embajador Aja Espil el almirante Massera. El embajador en USA había viajado a Buenos Aires para participar de una reunión de embajadores con el canciller Montes. Mañana vuelve a Washington. Preguntado cómo estaban las gestiones sobre el caso Beagle, dijo:

Que la reunión de embajadores del lunes pasado se pudo haber obviado. "No se dijo nada nuevo, además los presentes salvo raras excepciones no sabían nada."

"En la Cancillería se me dijo que se iba a rechazar el Laudo y al mismo tiempo se concretarán posesorios el día 25". "El día martes 18, luego de una reunión especial sobre el tema en el ministerio, nos llevaron al embajador en la OEA (Julio César Carasales), en Naciones Unidas (Enrique Ros) y a mí a conversar con el Presidente. Ese día lo vi a Videla más que como Presidente, como comandante en jefe. Dijo Videla que no tenía una agenda fija, ni instrucciones especiales, pues para eso llevaba sus asesores. Yo le dije que debía saber a qué iba, como se estila en cualquier encuentro de esta importancia".

"Preguntado Videla si se iban a realizar actos posesorios, dijo que 'el 25 no, sino en unos 45 días' más tarde, pues todavía no habían llegado las partidas de municiones. Más adelante Videla nos dijo que "si tengo que perder prestigio político para arribar a una solución amistosa, lo perderé".

"Cuando llegué a la Cancillería con esta información (de que el 25 no se realizarían actos posesorios), no entendían nada y me dijeron que no era así. Les tuve que decir, entonces, que así lo expresaba el Presidente."

Preguntado si tenía conocimiento de las presiones norteamericanas sobre la Argentina y Chile, para arribar a una solución amistosa del diferendo, Aja Espil dijo: "No las conozco, pero sí conozco el memo de la Secretaría de Estado que sostiene que la Argentina no tiene munición para sostener más de tres a cuatro días de combate".

Más adelante dijo que había estado con Martínez de Hoz. Se mostraba muy preocupado por la posibilidad de un enfrentamiento que le retrasaría todo su plan económico.

Hablando sobre el papel de la OEA en el conflicto, y en particular sobre su secretario general, Alejandro Orfila, Aja Espil dijo que el canciller Antonio Montes le había dicho: "Al embajador Orfila se le enviarán instrucciones muy precisas, a las que tendrá que atenerse". Yo no entendía nada y me pareció una gran equivocación.

Orfila es secretario general de la OEA y por lo tanto no puede recibir instrucciones de un gobierno que es miembro de la organización. Debe mantener un criterio independiente. Todo eso se debe a que Orfila debió haber presentado su renuncia a embajador argentino y no lo hizo. Si se llegan a enterar los chilenos el escándalo que harían". 

El 20 de febrero volvieron a encontrarse, esta vez en Puerto Montt, Chile.

Al final del encuentro se firmó un acta por el que se acordó la formación de comisiones negociadoras que, en tres etapas, deberían arribar a una solución para la "delimitación definitiva de las jurisdicciones que correspondan a la Argentina y Chile en la zona austral."

Sin embargo, la diplomacia argentina se vio sorprendida por el discurso del mandatario chileno, cuando dijo: "La jurisdicción en esa región quedó refrendada en forma definitiva en la sentencia de su majestad británica. Por lo tanto, las negociaciones a realizar en ningún caso afectarán los derechos que en esa área el laudo reconoció para Chile."

Videla, sorprendido, debió dejar su discurso escrito e improvisar unas palabras con su habitual moderación.

Pocas horas más tarde, el almirante Massera dijo en Río Grande que "aquí no hay alfombras espesas que ahoguen el latido de la tierra, aquí no sobreviven las intenciones oblicuas, las palabras elásticas, las argucias protocolares o la oratoria malhumorada como expresión de una hostilidad vacía de derecho."

Un conflicto externo, un capítulo más de la interna castrense.

El 23, Videla se dirigió al país para explicar los alcances del Acta de Puerto Montt, y previno que habrá "negociaciones de difícil trámite", pero expresó su confianza de que se llegaría a "soluciones justas y armónicas."

El país comenzaba a prepararse para enfrentar un conflicto armado. Todo conducía en esa dirección. Para encabezar la delegación argentina con los chilenos fue designado el coronel (RE) Ricardo Etcheverry Boneo, quien presentaba como antecedente inmediato el de trabajar en una oficina de la Municipalidad de Santa Fe.

Por ese entonces, el embajador argentino en Francia era el capitán (RE) Tomás de Anchorena, un destacado dirigente del agro. El 7 de marzo de 1978 mantuvo un altercado epistolar con el obispo auxiliar de París, Daniel Perezil, con motivo del interés argentino de celebrar una misa en Notre Dame en ocasión del bicentenario del Libertador San Martín.

El sacerdote, en una de sus misivas, le comunicó a Anchorena que "en las actuales circunstancias, parece inoportuno que se realice con este motivo una ceremonia pública" en la catedral. "Usted no ignora, escribió Perezil, que desde hace varios meses la opinión pública francesa se preocupa por la suerte de cierto número de nuestros compatriotas y de otras personas que residen en el país que usted representa."

La misa, finalmente se llevó a cabo en la residencia del embajador, contándose con la única presencia de los agregados militares, funcionarios diplomáticos y empleados administrativos.

El gobierno no lograba dar una explicación, dentro y fuera del país, a la cuestión de la seguridad ciudadana. En esos días, durante un almuerzo con abogados de empresas, preguntado por la seguridad de los habitantes, Albano Harguindeguy explicó su método: "Un día salgo de mi casa para la izquierda y otro lo hago para la derecha. Nunca sigo un camino igual."

Por esa fecha, la embajada envió un informe al Departamento de Estado a fin de que no se insista en reclamar la democratización en la Argentina. Para el embajador Raúl Castro, tal exigencia podría desestabilizar a Videla en momentos en que se estaban por tomar decisiones trascendentes.

El 15 de marzo tres jóvenes radicales conversaban en el edificio Libertad con el capitán de navío Antonio 'Mito' Arguedas, jefe del gabinete de asesores del almirante Eduardo Emilio Massera. Al poco rato, por una puerta lateral, apareció Massera en mangas de camisa, dando comienzo a un interesante diálogo:

Arguedas: Dirigiéndose a uno de los presentes, le dijo "coméntele al almirante lo que estábamos hablando hace un rato, sobre la posición de importantes miembros de su partido".

"Bueno -dijo el joven señalado- nosotros pensamos que este proceso se encuentra agotado. El gobierno se ha aislado de la civilidad y la actual política económica lleva al país al borde de un enorme precipicio. Por lo tanto, nosotros pensamos que lo único que puede rescatar de su soledad e impopularidad a este gobierno es:

1- Convocar a elecciones constituyentes con el objetivo de realizar en conjunto con las Fuerzas Armadas aquellos retoques indispensables a la Constitución Nacional;

2- La constituyente a través de un mecanismo a implementar, deberá designar a un alto oficial de las Fuerzas Armadas con el cargo de Presidente de la Nación. Dicho Presidente deberá ejercer el poder durante un período de transición por tres o cuatro años.

3- Al mismo tiempo, la constituyente se declarará en ejercicio del Poder Legislativo, por el tiempo que dure el mandato del Presidente recién designado.

El almirante Masssera, luego de escuchar la exposición del invitado dijo que "estoy totalmente de acuerdo, coincidimos plenamente. Yo creo que este gobierno es un desastre y que así como van las cosas se corre el serio peligro de que nos pasen por arriba. La famosa propuesta política no sirve para nada, no define ni aclara nada, y el frente externo, donde todos son fracasos, demuestra la total falta de una conducción firme en el país. Cuando nosotros nos ponemos un poco duros ante los chilenos, llegan los 'negociadores' (en alusión a Videla) y echan todo a perder".

"El plan económico de Martínez de Hoz ha demostrado que nos conduce al fracaso. Él ha dicho que durante este año habría 60% de inflación y miren ustedes ya por qué índice andamos. A fin de año se calcula que llegaremos a 100% o más. El otro día conversaba con (el brigadier) Agosti y le pregunté cómo veía la situación económica. Me dijo que la veía muy bien, a lo que le respondí: ¿pero vos con quién conversas, con el hermano de Martínez de Hoz?"

Mientras tanto, la situación de la economía no lograba un camino seguro.

En marzo, cuando se conoció el último índice del costo de vida (9,5%), Martínez de Hoz intentó dar explicaciones públicas. Aconsejó que no deben enviarse flores de regalo "si están caras", y aseguró que habría que borrar del índice los gastos de peluquería.

También cuestionó las estadísticas oficiales del INDEC.

Una visión similar expresó el general Viola unas semanas antes, el 3 de enero, durante un almuerzo con jóvenes en el Círculo Militar. Preguntado por la marcha de la economía y la persistencia de la inflación, comentó que él se guiaba "por el precio del ananá que mi esposa 'Tita' compra en el mercado; cada día esta más caro."

El jueves 30 de marzo de 1978, se realizó una exposición en el edificio Libertad para los oficiales retirados (almirantes y capitanes de navío). Habló el almirante Fracassi, secretario general de la fuerza. Dijo que la pretensión de la Armada era que no se constituya ninguna "hegemonía" del Ejército en el poder; informó que la situación con Chile era "extremadamente delicada" y que los retirados debían estar atentos porque podrían ser "convocados" al servicio activo; comentó que habían "algunos embajadores empeñados en una campaña de desprestigio a la Armada" y puso como ejemplos de embajadores "no amigos del arma" a Aja Espil (USA) y Anchorena (Francia).

Uno de los asistentes, el contralmirante Santamaría, durante el vino de honor, le preguntó a Massera: "¿Cómo es posible que ocurran tales cosas, teniendo la Armada a usted como representante en la Junta y un vicealmirante al frente de la Cancillería?". A lo que Massera respondió que él más no podía hacer.

En esas horas, una alta fuente de la Fuerza Aérea comentó que el embajador en Francia, Tomás de Anchorena, trajo desde París un crítico informe de las tareas que cumple la Oficina Piloto de París, montada para mejorar la imagen argentina en el exterior, porque complica las relaciones de la embajada con los medios franceses. Ninguno de los funcionarios más importantes, el capitán de corbeta Bilardo y el periodista Bufano hablan francés. El informe dejado en la Casa Rosada fue derivado a la Secretaría de Información Pública, causando un gran revuelo.

Tanto es así que se habla de un coronel como interventor.

En abril el presidente James Earl Carter realizó una gira por Venezuela y Brasil. Con su colega Ernesto Geisel analizó cuestiones de seguridad. Entre otras, el papel de Cuba en el fomento de la subversión en el continente. Brasil no tenía relaciones con el régimen de La Habana, la Argentina sí.

Por esos días, el miércoles 12 de abril, en el departamento del presidente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), el ex canciller Carlos Manuel Muñiz, se realizó un almuerzo en homenaje al ex embajador de Chile, René Rojas Galdames. Uno de los participantes relató que, según su información, la renuncia de Terence Todman, secretario adjunto de Asuntos Latinoamericanos, tenía relación directa con la política del Departamento de Estado hacia América latina:

"No hay que equivocarse, Todman no se va exclusivamente por su disconformidad con Patricia Derian y la política de derechos humanos. Hay otro motivo, cual es el proyecto de la Secretaría de Estado de comenzar a presionar a los países del Cono Sur para que inicien en el más corto plazo, el proceso de democratización de sus gobiernos. Todman no estaba de acuerdo, pues opinaba que de esa manera, además de inmiscuirse en los asuntos internos se corría el peligro de acelerar 'algunos procesos' que aún no se encuentran en etapa de ' maduración'.

Dicho esto, intervino Rojas Galdames para sostener que 'coincido con tu información, sino mira lo que sucede en mí país, donde nos hemos visto obligados a realizar algunas cosas con las que el gobierno no estaba de acuerdo, pero las presiones son grandes".

OTRA VEZ, LA CUESTIÓN DEL PODER

El jueves 20, el periodista Alejandro Rosiglione fue invitado al edificio Libertad para conversar con Massera. "Mire, dijo el jefe naval, yo tenía mucho interés en conversar con usted. Se debe a que me he enterado que, hace unos diez días y durante una conversación de amigos, usted dijo que la no elección de Videla, como 'cuarto hombre', constituía un golpe de Estado. Como considero que usted es un hombre inteligente, deseo aclararle ciertas cosas, al mismo tiempo que demostrarle por qué yo no considero que la elección de Videla constituye un golpe de Estado".

Inmediatamente, se dirigió hacia una caja fuerte, de donde extrajo varias carpetas: "Mire, lea con tranquilidad, dijo Massera, aquí podrá ver el Acta de la Junta donde se establece que Videla habría de desempeñar la doble función de comandante en jefe del Ejército y Presidente tan sólo por un espacio de 90 días".

"Ya van dos años y no se ha producido ningún cambio. ¿Y qué ha pasado mientras tanto? En el plano internacional se ha demostrado una falta absoluta de carácter y el plano interno lo mismo. Se ha sostenido una política económica que está llevando a la industria argentina a la quiebra. Y Martínez de Hoz en el exterior está rematando al país a los monopolios internacionales. En una palabra -continuó Massera-, esto no va más y debe cambiar".

"Yo le dije a Videla, en la última reunión de Junta (jueves 13) que él debía hacer un gran renunciamiento en beneficio del país."

Luego acercó otra carpeta diciendo que "sé que por ahí se comenta que yo estoy en contra de la elección de Videla para Presidente, como si yo dispusiera a mi antojo la posición del arma. Vea cual ha sido el resultado de la votación realizada en el Consejo de Almirantes (le mostró el acta del consejo donde por unanimidad el arma no apoya a Videla).

Esto se lo muestro, pues también sé que se afirma que 80% ó 75% votó en contra y el resto a favor. Ello no es cierto. Lo comuniqué, en reunión de Junta, a Videla y Agosti. Usted me dirá que duda sobre el voto de algún almirante. Diga un nombre... por ejemplo Mendía, que dicen que no ha votado. Aquí tiene el radiograma, desde Washington, fijando su posición (votaba en contra de Videla)".

El lunes 24, el secretario general de la Presidencia, general José Rogelio Villarreal, relató a sus colaboradores algunas decisiones tomadas en la última reunión de los altos mandos del Ejército: Se acordó apoyar a Videla, incluso a costa de la negativa de las otras dos armas.

La palabra justa fue 'imponerlo'. El tratamiento sobre quién será el próximo comandante en jefe del Ejército quedó postergado para después de la definición presidencial.

El miércoles anterior, el jefe del Cuerpo I, Carlos Guillermo Suárez Mason volvió a reunirse con dirigentes radicales. Estaban, Balbín, Julián Sancerni Jiménez, Antonio Tróccoli y Horacio Hueyo.

En esa ocasión, Suárez Mason opinó que no era partidario de que "la elección del 'cuarto hombre' lo hiciera esta Junta. Preguntó: '¿Cómo Videla se va a votar a sí mismo? No queda muy bien'". Les dijo a los dirigentes radicales que "por un año todavía no habrá diálogo político". Sobre el conflicto del Beagle les informó que "a la crisis se la podía postergar seis meses, incluso un año, pero al final llegaremos a un enfrentamiento".

"Metiste el dedo en la llaga", fue la respuesta del jefe militar cuando Horacio Hueyo preguntó sobre la situación económica.

Diálogo entre un capitán de navío y un coronel, durante un almuerzo el 11 de mayo de 1978:

- Capitán de navío: "Videla es el Presidente administrativo del Estado y los tres comandantes en jefe constituyen el órgano político que gobierna el país, que fija las pautas y la dirección en que se debe mover el país en lo económico, etc".

- Coronel: "Si es así, hay que ir actualizando los pasaportes".

El 27 mayo, el canciller Oscar Montes estuvo en Washington en visita privada. Venía de participar en Nueva York en la Asamblea sobre desarme, a la que debió haber concurrido Videla, pero se lo impidieron las fechas del 25 de Mayo y el Día del Ejército. Durante su corta visita a la capital de los EE. UU., Montes mantuvo una larga sobremesa con los embajadores argentinos ante la Casa Blanca y la OEA, Jorge Aja Espil y Julio César Carasales.

El almuerzo se hizo en la granja Normandie Farms, en las cercanías de Washington. El canciller se explayó sobre la cuestión del Beagle, diciendo que las relaciones con Chile "andan mal" y por lo tanto "requerirán indefectiblemente a fin de año una operación militar".

También comentó que "las negociaciones con Brasil estaban bien encaminadas" (la cuestión de las represas en el Alto Paraná). Cuando 'Coco' Aja Espil le preguntó si deseaba entrevistarse con el secretario de Estado, Cyrus Vance, aprovechando su viaje en junio a la reunión de la Asamblea de la OEA, muy suelto de cuerpo respondió que "por el momento no, en todo caso improvisamos sobre la marcha".

El 31 de mayo durante una recepción en Washington, en la que hablaría el sindicalista y presidente de la AFLCIO, George Meany, Wayne Smith, el recordado consejero político de la embajada americana en Buenos Aires (y que en ese momento era el responsable de los asuntos cubanos en el Departamento de Estado), preguntó a un periodista argentino cómo estaba la situación en Buenos Aires.

Luego de escucharlo, dijo: "Cada vez que pienso en el proceso argentino cruzo los dedos para darle suerte, pero no soy optimista. Yo creo que va a terminar muy mal". El ex secretario adjunto de Asuntos Latinoamericanos, Terence Todman, presente en el diálogo, acotó que había hecho todo lo posible para que en los EE.UU. se entendiera al proceso "pero su gobierno no ayudó mucho".

Hacia fines de mayo, próximo a abandonar la comandancia en jefe de la Armada, el almirante Massera elevó a la Junta Militar dos propuestas que trascendieron:

1) publicar una lista de desaparecidos y muertos de uno y otro lado, dando por terminada la guerra contra la subversión y

2) analizar "una solución militar a las islas Malvinas".

Nunca trascendieron las respuestas. Pero ninguna de las dos se llevó a cabo. El 26 de mayo, el brigadier Orlando Ramón Agosti aseguró en un discurso que "este gobierno es legítimo" y que para la defensa de los ideales que perseguía estaban dispuestos a pagar el precio que fuera necesario, "aún en la más estricta soledad si fuera necesario".

El 8 de junio de 1978, la Junta Militar analizó las relaciones con México y el tema de las atribuciones del "cuarto hombre".

En lo que respecta a México, el gobierno acababa de recibir una nota pidiendo explicaciones sobre qué se pensaba hacer con el ex presidente Cámpora y los demás asilados. También trascendió que el gobierno mexicano había puesto un plazo para obtener una definición.

En el Ejército se preparó un trabajo con diferentes alternativas, entre otras la posibilidad de retirar al embajador (argentino), como en el caso de las relaciones con la corona británica.

Junio y julio fueron meses de fiesta. Se llevó a cabo el campeonato mundial de fútbol y la Argentina se distraía al compás del equipo de César Luis Menotti. Llegaron turistas de todos los lugares del planeta. Acompañado por su esposa y rodeado de custodios, vino Henry Kissinger, el ex secretario de Estado de los presidentes Richard Nixon y Gerald Ford.

Además de presenciar varios partidos, dio una conferencia en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales y se entrevistó con altos miembros del gobierno militar. En uno de esos encuentros, durante un diálogo en la residencia del comandante en jefe de la Armada, tuvo una sorpresa: el almirante Eduardo Massera le propuso una mediación argentina en el conflicto árabe-israelí. Una alternativa que poco tiempo después dejaría trascender el canciller Montes.

MALVINAS. REUNIÓN DE LA JUNTA MILITAR DEL JUEVES 22 DE JUNIO DE 1978

La reunión estuvo precedida por dos documentos que la Armada elevó a la Junta que contenían cuatro inquietudes:

Problema de las viviendas para jubilados y desalojados.

Agilizar el trámite de la ley de asociaciones profesionales. Se considera que dicha ley debe sancionarse juntamente con la ley de obras sociales.

Debe considerarse la situación de los detenidos políticos y los desaparecidos.

La Armada considera que debe darse "una solución militar" al problema de las islas Malvinas. La reunión fue muy tensa. Agosti estaba muy nervioso y junto con Videla increpó a Massera por sus declaraciones formuladas en San Juan, en donde sostuvo que no estaba de acuerdo con la política exterior del gobierno. Agosti le dijo: "Estamos cansados de tus matoneadas destinadas a agrandar tu imagen interna, mientras nosotros quedamos como boludos".

Massera sostuvo que estaba cansado de las negociaciones que no conducen a resultado alguno. Y agregó: "Si hago como vos, Videla, que largas trascendidos a los diarios, a mí no me los recoge nadie, por lo tanto he optado por hacer declaraciones a la prensa".

Videla: Además de la consideración que debes tener para un camarada tuyo (el almirante Montes era el canciller), descolocas a la política que están implementando nuestros negociadores. "Política que vos has aprobado en la Junta". Por otra parte "tus declaraciones pueden ser tomadas en el exterior y utilizadas en contra nuestra".

Massera, luego, sostuvo que está todo listo para dar "un paso militar" en las islas Malvinas. En materia logística todo se encuentra en condiciones.

Posteriormente, dijo que hay que solucionar el problema de los desaparecidos "ya que no tiene por qué pasar a la próxima Junta". Videla respondió que por ahora no hay solución y que lo mismo piensan "los generales a quienes yo represento".

En un momento, la discusión se hizo muy fuerte, proponiendo Agosti la disolución de la Junta Militar y "el juzgamiento de Massera" que él lo va a desenmascarar "para que tu arma te juzgue".

Agosti, entonces volvió sobre el tema de la compra de aviones por la Armada, amenazándolo que, llegado el caso, les impedirá volar.

Luego se analizó el tema de las precisiones entre la Junta Militar y el "cuarto hombre".

Hablaron sobre en qué lugares debían ubicarse los miembros de la Junta y el presidente en los actos, tanto en los actos civiles como en los de carácter militar. Y quién designaba a los embajadores y gobernadores. Sobre la comida de camaradería de las FFAA se acordó sería el 7 de julio y que hablaría Agosti, pues este comandante es el último en retirarse. También se acordó realizar un importante desfile militar, aprovechando la euforia del Mundial de fútbol.

El viernes 30 de junio, luego de permanecer doce días en Washington, en donde se desarrollaba la octava asamblea de la OEA, el canciller Montes realizó ante el gabinete presidencial, un pormenorizado análisis de la situación de su área. Específicamente habló de cinco cuestiones:

1) Derechos Humanos (invitación a la Comisión Interamericana de DD.HH. a realizar una visita "in loco" a la Argentina);

2) Relaciones con los Estados Unidos, donde la cuestión de los DD.HH. es el principal escollo, tanto es así que el canciller argentino se vio impedido de conversar con el secretario de Estado y el subsecretario Walter Allara sólo pudo dialogar con David Newson, (subsecretario de Asuntos Políticos);

3) Reelección de Alejandro Orfila como secretario general de la OEA;

4) Represas del Alto Paraná. A pesar del interés manifestado por Montes de conversar con el canciller brasileño, Azeredo da Silveira, habló ante la Asamblea General; dialogó con Orfila; almorzó con el secretario de Estado, Cyrus Vance, y volvió a Brasilia;

5) Actuación de la delegación argentina en la Asamblea, en la que se puso de manifiesto el interés de mantener el perfil más bajo posible. De la cuestión de las islas Malvinas, ni una palabra.

OPERACIÓN MATAMBRE

Después de semanas de discusiones separadas y conjuntas entre los altos mandos de las FF.AA. quedó definido el "esquema de poder" y se creó la figura del "cuarto hombre", no sin antes llevarse a cabo durante quince horas (que fueron grabadas) la reunión de la Junta Grande, que congregó en un mismo lugar a todos los altos mandos militares (generales, almirantes y brigadieres).

La cumbre se hizo a propuesta de la Armada que no quería que Jorge Rafael Videla continuara en la Presidencia.

La respuesta del Ejército fue clara: "Hay tres candidatos a presidente, Videla, Videla y Videla".

La Armada consideraba que terminada la etapa de "excepcionalidad" Videla no podía continuar reteniendo los cargos de comandante en jefe y de presidente de la Nación. Y, como si fuera poco, además demandaba el cambio de Videla, considerando que se iniciaba una etapa nueva que exigía una imagen diferente hacia el interior y exterior.

Los oficiales navales "chicanearon" con que el Ejército debía presentar una terna para ser considerada, también, por la Fuerza Aérea.

La propuesta fue rechazada y los términos más duros fueron los que expusieron el vicealmirante Fracassi y el general Harguindeguy.

El debate llegó a su más alto nivel cuando los representantes del Ejército amenazaron con hacerse cargo del Proceso y disolver la Junta Militar. Las agresiones verbales en lo alto del poder fueron tan graves que el brigadier Basilio Lami Dozo comentó 'off the record' que "las consecuencias de lo que pasó en la Junta Grande las sufrirá el país en el futuro."

Como si no bastara con decidir el nombre del futuro Presidente, también se discutió el desempeño de los altos funcionarios de la administración pública: "De acuerdo con lo que tengo entendido, para el próximo 15 de julio deben estar terminadas las listas de ministros, gobernadores y embajadores a cambiar, propuestos por cada una de las armas, para después compatibilizarlas. En una palabra, sigue rigiendo el 33%".

En definitiva nació un Presidente con sus atribuciones absolutamente condicionadas, teniendo por arriba a la Junta Militar cuya sede estaba en el edificio del Congreso.

Salvo cuestiones menores, Videla necesitaba el aval de los tres comandantes para las decisiones de Estado. El manejo de las relaciones exteriores era una de ellas.

Tal era el desgaste de la imagen de Videla que en una ocasión monseñor Tortolo le dijo: "Ché Jorge, ¿cómo has permitido que se degrade de esta manera la figura presidencial. ¿Cómo te ataste de esa manera?".

El 31 de julio, Roberto Eduardo Viola asumió como comandante en jefe del Ejército y Videla juró como Presidente de la Nación el 1 de agosto. El mismo día, en un intento de asesinato al futuro jefe de la Armada, vicealmirante Armando Lambruschini, un comando montonero mató a su hija Paula, con una descarga explosiva. También ese día salió a la luz el matutino 'Convicción', cercano a Massera y a las posiciones de la Armada.

Con fecha 4 de agosto, la Junta Militar informó al país que "ejercerá las facultades del inciso 14 (conclusión de tratados de paz, de alianza, de límites y de neutralidad) del Artículo 86 de la Constitución Nacional otorgada al Poder Ejecutivo, así como también los del inciso 19 ( aprobación de los tratados, alianzas y de neutralidad) del Artículo 67 que la Constitución Nacional atribuye al Congreso". En materia de política exterior (y de diseño de una política interior) el Presidente estaba atado de pies y manos. Por ejemplo, los embajadores sólo podían aprobarlos los miembros de la Junta.

En sus primeras declaraciones a la prensa, Viola dijo que "había que iniciar el diálogo (político) cuanto antes".

Horas más tarde, el ministro del Interior le contestó que "no tenía la versión oficial" (de las declaraciones de Viola) y que "por otra parte había siempre diálogo".

El domingo 6 de agosto, Viola dio marcha atrás al reconocer que siempre hubo diálogo, sólo que faltaba "esquematizarlo".

Poco después, Harguindeguy declaró que el Proceso no tenía plazos para la democratización del país y que "los que quieren plazos que se reúnan afuera". También, en la ocasión, negó que hubiera presos políticos.

Dirigiéndose al periodista le dijo: "Si usted me da el nombre y me prueba de que en el país existe un preso político, yo llego a Buenos Aires y lo hago liberar".

En esos días, el ministro del Interior hizo llamar al penal para darle a Menem tres opciones de residencia bajo "libertad vigilada". Los lugares fueron Mar del Plata, Mendoza o Neuquén y el ex gobernador de La Rioja eligió Mar del Plata.

La noticia de una pronta salida del penal de Magdalena cundió entre los presos. Cuando el dirigente del SUPE Diego Ibáñez se enteró que él no estaba comprendido en el grupo a liberar, intentó suicidarse con barbitúricos: viendo los carceleros que Ibáñez no aparecía en la mañana, entraron a su celda y lo encontraron en estado semicomatoso, abrazado a la foto de sus hijos. Poco tiempo más tarde, Carlos Saúl Menem, Jorge Vázquez, Rogelio Papagno, Julio González y Antonio Benítez fueron beneficiados por el régimen de "libertad vigilada".

Para conciliar posiciones, el canciller Montes viajó a Viena para presidir una cumbre de embajadores argentinos. Dijo que la Argentina enfrentaba siete grandes problemas de política exterior. Cuando un embajador le preguntó qué soluciones tenía previstas, respondió que "por ahora es muy difícil formularlas". Se destacó Víctor Massuh (UNESCO) cuando dijo que no podía esperarse un mejoramiento de la imagen externa si previamente no se daban algunos hechos internos. "Por más que los embajadores desarrollemos la mejor de las tareas en este sentido, si no contamos con algunos hechos por parte del gobierno al que representamos, todo será inútil."

La Argentina, estaba claro, se encontraba cada día más aislada. Pocos la defendían, ni siquiera la prensa conservadora. En Washington, uno de los pocos que se exponía públicamente para respaldarla fue el representante demócrata Gus Yatron, un ex boxeador de la categoría pesada que regenteaba la heladería "Yatron's Ice Cream".

Aprovechando la euforia generada por la victoria argentina en el campeonato mundial de fútbol, la Junta Militar acordó realizar un desfile militar por la avenida Del Libertador. En la ocasión, ante la presencia de monseñor Adolfo Tortolo, se dio el siguiente diálogo entre la señora de Massera y el ministro del Interior, cuando este último subía al palco oficial:

Harguindeguy: -Ahora que su marido pasa a retiro va a tener más tiempo para estar en su casa.

Sra. Massera: -Está muy equivocado, estará en la calle combatiéndolo a usted que es un mal ministro.

En un clima de claro desorden general en el poder, era muy difícil mantener una política exterior estable y coherente. Agosto fue un mes marcado por los cruces entre el Departamento de Estado y la Argentina por la cuestión de los DD.HH. y la búsqueda estadounidense de un plan de democratización en el país.

El 10 de agosto, Patricia Derian, hablando ante el subcomité de Asuntos Interamericanos de la Cámara de Representantes, entre otras tantas acusaciones a la Argentina sostuvo: "No vemos nada que indique que haya una tendencia genuina hacia una mejora en el clima de derechos humanos".

Desde la cancillería argentina, un vocero la trato de "irresponsable".

Mientras se sucedían los agravios verbales entre Washington y Buenos Aires, Massera en un 'off the record' hablaba sin cortapisas: "Yo le dije a Videla que había que dar una lista de desaparecidos, pero ustedes saben cómo es él. Todo lo discute, lo consulta, con sus mandos".

El que sí entregó, a las autoridades argentinas, una lista de personas desaparecidas (alrededor de 500), fue el secretario general de las Naciones Unidas, Kart Waldheim, durante su visita a Buenos Aires. Durante su estadía se reunió con los tres miembros de la Junta Militar. Según el alto funcionario, la reunión más provechosa fue con Massera.

Waldheim en la ocasión vino acompañado por el embajador Enrique Ros, quien días antes había presentado en la ONU una denuncia contra Gran Bretaña, por la posibilidad de que establezca un anillo de 200 millas alrededor de las islas Malvinas. La nota no fue elaborada en la delegación en Nueva York, sino en la Cancillería, sin intervención de Ros.

El 8 de agosto de 1978, el comandante del Cuerpo I volvió a mantener un encuentro con la cúpula del radicalismo. Suárez Mason y Balbín, Pugliese y Hueyo volvieron a encontrarse. El motivo del almuerzo en lo de Hueyo era consultarlo sobre un eventual documento que el radicalismo pensaba emitir respecto de la crisis del Beagle. Sin embargo, la conversación se deslizó por otros temas de actualidad:

El alto jefe militar realizó un rápido repaso de la situación hasta ese momento: las negociaciones argentino-chilenas no avanzaban y los radicales querían saber hasta dónde se pensaba utilizar la maquinaria militar. Suárez Mason opinó que a principios de año "las máquinas estaban a todo vapor, pero fueron paradas por orden de Videla, ahora veremos qué sucede".

Cambiando de tema, Suárez Mason volvió a reiterarle a Ricardo Balbín que "en este año no habrá diálogo". Como dijo en esos días un coronel muy lúcido, "en el Ejército hay una frase que sostiene que 'todo el mundo está de acuerdo de que Videla hable de diálogo, mientras no dialogue con nadie".

Seguidamente, el dueño de casa le preguntó: "Cacho, ¿qué va a pasar con vos?" A lo que respondió que "a mí me ofrecieron ir a la Junta Interamericana de Defensa, y les dije que no porque creo que no sirve para nada. Por otra parte, tampoco me interesa ganar en dólares, por lo tanto pienso quedarme aquí".

Uno de los presentes le dijo, entonces, que la información de la calle sostenía que Videla le había ofrecido a Menéndez la jefatura del Estado Mayor.

Al respecto, Suárez Mason dijo: "¿Quién es Videla para ofrecer eso? Es un general retirado que ya no tiene nada que ver. Además, Menéndez es el hombre que menos le conviene a Viola, pues es capaz de venir con el caballo y tirarle toda la estantería abajo. Ustedes están hablando con el comandante en jefe sustituto, porque si le sucede algo a Viola yo soy el comandante".

También afirmó que "yo saqué más votos", refiriéndose a la consulta realizada por Videla a los altos mandos para designar a su sucesor.

Finalmente, Jorge Rafael Videla encabezó la delegación argentina a las ceremonias de coronación de Juan Pablo I. En la capital italiana fue víctima de manifestaciones contrarias, organizadas por exiliados argentinos. Sin embargo, fue la ocasión para mantener tres sustanciosas entrevistas con Walter Mondale, Giulio Andreotti y Raymond Barre.

Al final de las ceremonias, y después de largas gestiones del secretario general de la OEA, Alejandro Orfila, Videla fue invitado a conversar con el vicepresidente de los EE.UU. en la sede de la embajada norteamericana en Roma, un viejo palacio que habitó el rey de Italia en plena Vía Veneto a pasos del hotel Excelsior.

Tal como trascendió, fueron 40 minutos de diálogo "franco y sustancial" para "repasar las relaciones bilaterales". Como era de esperar, se prestó especial atención a la cuestión de los derechos humanos, aunque se convino en la conveniencia de no focalizar con exclusividad en los derechos humanos la relación bilateral.

De todas maneras, Mondale solicitó al Presidente argentino "un esfuerzo" para que dicha situación en la Argentina encuentre "una solución de raíz". También, Mondale habló sobre la reticencia argentina a firmar el tratado de No Proliferación Nuclear.

Los periodistas acreditados pudieron escuchar, luego del encuentro presidencial, la predisposición de Videla y Mondale de iniciar en un nivel político superior, un ciclo de "recomposición bilateral". Los hechos habrían de demostrar que todo se reducía a expresiones de deseos.

Videla mantuvo un diálogo con el premier italiano, luego de las ceremonias de coronación. Casi a escondidas, se vieron dentro del Vaticano y el 'fratello' que ayudó a juntarlos fue Licio Gelli.

Con Raymond Barre se trató la insólita negativa francesa a que los cadetes de la fragata Libertad rindieran una ofrenda floral en la tumba del soldado desconocido, ni desfilar o realizar una formación bajo el Arco de Triunfo (esta información había sido entregada por la embajada francesa a la Cancillería el 30 de agosto de 1978).

La cuestión de los derechos humanos no fue evitada. El que sí evitó encontrarse con el canciller Montes fue el titular de Itamaraty, Antonio Azeredo da Silveira, para tratar el tema de las represas Corpus e Itaipú (o como se denominaba, la cuestión de los recursos naturales compartidos).

El 15 de setiembre, Eduardo Emilio Massera dejó la comandancia de la Armada en manos de Armando Lambruschini. Ahora pasaba al plano político.

En Ginebra, con el apoyo de la Unión Soviética, México, Colombia, Pakistán, Grecia, Sri Lanka, Perú y Bulgaria, se decidió no tratar la situación de los derechos humanos de la Argentina dentro de la subcomisión de 'Prevención Contra la Discriminación y la Protección de las Minorias'.

A pesar de los notables esfuerzos del destacado embajador Gabriel Martínez, los representantes de los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Turquía y la India votaron a favor de la investigación.

En el Palacio San Martín, toda la política de derechos humanos estaba concentrada en una dirección denominada Corpolex (Coordinadora de política exterior), bajo la conducción del embajador Juan Carlos 'Bebe' Arlía. Una suerte de cruzado que concentraba todo bajo su lupa: en una oportunidad, propuso que toda designación de un argentino en un organismo internacional, previamente, debía contar con el 'placet' del régimen militar.

La propuesta fue aceptada. En otras ocasiones iba más allá que los propios militares que ocupaban la cancillería. Fue cuando propuso que los futuros aspirantes al servicio exterior debían hacer los dos últimos años del bachillerato en un lugar que acreditara confiabilidad. Por ejemplo, dijo, en el Colegio Militar de la Nación.

La sensata respuesta del capitán de navío Allara lo dejó sin argumentos: "¿Usted qué quiere, diplomáticos o coroneles?".

-¿Hay alguna información sobre la apertura al Este que dejan trascender algunos funcionarios en la Cancillería?

-¿Qué apertura?

Días antes de salir el canciller Montes a la Cumbre de No Alineados, se entrevistó con embajadores de los países moderados del grupo, para ver si sus países aceptarían el proyecto argentino de pedir la expulsión de Cuba de los No Alineados. También, en caso de no aceptarse eso, chequearon la posibilidad de que estos países, junto con la Argentina, vetaran a La Habana como lugar de sede para la próxima cumbre.

"Algunos países, si mal no recuerdo eran Yugoslavia, India, Arabia Saudita y Perú. Enemistarse con Cuba puede ser muy perjudicial en los organismos internacionales. Por ahora Fidel Castro se muerde la lengua y si ocurriera un rompimiento le haríamos un gran favor. Entonces de qué 'apertura al Este' hablamos. No es serio.

En estos momentos, el representante de Ejército pide las cabezas de los embajadores Boatti Osorio, Pullit, Barboza, De la Guardia, Lagorio, Massuh, Anchorena, Ghioldi, Di Marino, Ricciardi, Pepe, Sagasti y hay varios más. Si se suman a éstos los que va a pedir la Armada y la Fuerza Aérea, prácticamente echan a media Cancillería. Por otra parte, Camilión y Aja Espil, por el contrario, están bien conceptuados".

El 15 de agosto de 1978, un periodista tuvo un diálogo 'off the record' con un diplomático norteamericano. El diplomático le dijo que "en Washington, le estaban perdiendo la confianza a Videla y Viola. Tienen la casi certeza de que ambos no tienen el poder suficiente como para poder llevar adelante un plan de democratización de la Argentina. Ante ello, la embajada norteamericana empezaría a jugar la opción Massera.

La crisis con Chile avanzaba con el paso de las semanas. Mientras en Chile, Augusto Pinochet afianzaba su poder, echando sin miramientos al jefe de la Fuerza Aérea, Gustavo Leigh, por tener una visión diferente del futuro político, en la Argentina los asesores de Videla eran conscientes del restringido margen de maniobra del titular del gobierno.

Así lo dejó traslucir el coronel Miguel Mallea Gil, durante un almuerzo en el departamento del dirigente radical Horacio Hueyo, situado en avenida Quintana y avenida Callao, al que asistieron Antonio Tróccoli y Carlos Fonte.

"Nadie toma decisiones", dijo. "El Presidente no puede tomarlas y la Junta Militar discute 90% del tiempo sobre temas protocolares. Sobre si la Junta tiene que estar ubicada de tal o cual manera en el Tedéum". Demostraba, aunque en reserva, su hastío e impotencia. Tróccoli, con cierto desdén, dijo que ya no leía los discursos de Videla. "Apenas un poco por si la gente en la calle me pregunta algo".

Además, observó que desde julio el presidente se encontraba "muy desgastado". Y para que no quedaran dudas, remarcó: "Ustedes le reprocharon a Illia que había tardado 20 días para elegir a un secretario de Guerra y ahora vemos que Videla tardó 40 días para designar al comandante en jefe" (Viola).

Eran días de confusión, de malestar militar, de silencio de la oposición. En 'off the record' el ex presidente Alejandro Agustín Lanusse opinó que "la situación actual se asemeja mucho al período marzo-septiembre de 1962, en donde hasta un (José María) Guido puede ser nuevamente presidente. Lo que hay que tratar de obtener es una participación de los partidos políticos y un compromiso de los mismos durante un período de transición, ya que un proceso electoral sería una locura".

En otro momento, comentó que "cuando almorcé con Massera el 18 de mayo que en estos momentos no cabía otra cosa que rezar y hacer lo menos posible para no interferir en la crisis militar, cuya solución será dura".

Todos se sentían con derecho a hablar. Viola no era una excepción. El 28 de septiembre declaró que "la sucesión de este proceso se entregará a aquellos que estén no identificados sino muy identificados con el proceso. Para ser más claros, puntualizó, muchas de las cosas que han pasado acá no admiten revisión". El tiempo se encargaría de demostrar una realidad bien diferente.

El 29, el gobierno chileno presentó una formal protesta diplomática a raíz de varias situaciones que afectaban a ciudadanos de su país residentes en la Argentina, y también solicitó que se ponga término "al ánimo belicista que impera".

En gran medida, ese ánimo belicista era alimentado por el oficial encargado en el Estado Mayor Conjunto de conducir la campaña de acción psicológica contra Chile. El oficial era el general Ramón J. Camps, el mismo que calificó, en 1982, de "chatarra" a la flota inglesa que avanzaba hacia las islas Malvinas. La campaña, en muchas ocasiones, se llevaba adelante a través de notas o editoriales que llegaban a los medios gráficos para su publicación, escritas por noveles -y no tan noveles- funcionarios diplomáticos del Palacio San Martín.

El 18 de octubre, el embajador argentino en Chile, general (RE) Hugo Miatello llegó a Buenos Aires con la misión de concretar un nuevo encuentro entre Videla y Pinochet. La gestión fracasó porque no había margen para un nuevo diálogo. Era evidente que la comisión mixta argentinochilena no lograba ningún acuerdo.

En esas mismas horas, aunque no salió en los medios de la época, el brigadier Salinas realizó una sesión informativa en el Estado Mayor Conjunto, sobre la coyuntura internacional argentina en medio de un posible conflicto bélico, en la que anticipó que Brasil, Paraguay, Uruguay, Ecuador y Perú no se inclinaban por la Argentina. "Salimos de la reunión muy impresionados por nuestro aislamiento", dijo un asistente. Finalmente la comisión mixta acodada en la reunión presidencial de Puerto Montt puso término a sus funciones, con un comunicado en el que expresó: "en lo relativo a los temas vinculados con delimitación, no obstante haber sido examinados en profundidad y detalle, no pudo hallarse una coincidencia".

Fuentes: Ámbito Financiero - Urgente24.

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