La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas.

Ocultismo en la Casa Rosada.

Por Carlos Fernández.

Algunos consultaron a pitonisas y se dejaban guiar por sus designios. Otros realizaban extraños rituales e invocaciones espiritistas para obtener más poder. Los hay que se creen elegidos o que asisten a sanadores buscando curaciones milagrosas. Es la historia oculta de los presidentes argentinos.

Después de la crisis financiera que asoló a Argentina a finales de 2001, y tras una maratoniana sucesión de presidentes en tan solo unos días, Eduardo Duhalde, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, asumió el poder en un país sumido en la anarquía y la crisis económica. La Casa Rosada, sede del Poder Ejecutivo argentino, no era ajena a Duhalde. Durante el primer mandato de su compañero de partido, Carlos Saúl Menem, había ocupado el puesto de vicepresidente.

Como parece ser una constante en los mandatarios argentinos, Duhalde también tendría sus inclinaciones esotéricas. Dicen los que le conocen que se considera a sí mismo como una persona “con buena estrella”. Y tanto es así, que, durante los actos públicos su secretario le acerca gente para que le toque simplemente, ya que se cree que transmite buena suerte.

El actual presidente de los argentinos se considera a sí mismo un “elegido”, y además de transmitir pretendidamente su buen don a quien le toca, las meditaciones que preceden a la toma de decisiones terminan en ideas “iluminadoras”. Con esta perspectiva a nadie podría sorprender que Duhalde consultase a una u otra tarotista, ya que a la práctica totalidad de los inquilinos de la Casa Rosada se le atribuyen estas prácticas.

Y tanto es así, que a su predecesor en el cargo (sin contar las visitas fugaces por el sillón presidencial), Fernando de la Rúa, también se le atribuían continuas visitas a una pitonisa de nombre Mabel Iam. No se sabe si esta adivina le habría pronosticado algo, pero lo cierto es que de la Rúa tuvo que dimitir y salir de la Casa Rosada en helicóptero, ante la ingente cantidad de ciudadanos que se acercaron a la Plaza de Mayo para hacerle una predicción a muy corto plazo.             

Si Duhalde se consideraba un hombre con “buena estrella”, todo lo contrario se decía de su antiguo compañero de responsabilidades presidenciales, el también justicialista Carlos Menem. Es “vox populi” en todo el país, y la prensa argentina se hizo eco de esta creencia popular, de que el que fuera presidente durante una década es “mufa” (gafe).

Verdaderos tratados circulan por Internet sobre las fechas y anuncios fatídicos del ex­ presidente, al que se le atribuyen pérdidas materiales, mala suerte o incluso muertes de personas tras haber sido nombradas por este personaje riojano. Y tanto es así, que mientras Menem emprendía la recta final de su mandato, en la calle se obviaba pronunciar su nombre por “si pasa algo”, hasta el punto de referirse a el como “Méndez” o algún otro nombre similar.

Pero los devaneos de Menem con la parapsicología, la adivinación, los curanderos y el misticismo van mucho más allá de una simple creencia popular. El ex mandatario fue presidente de honor del Congreso Parapsicológico celebrado en La Rioja, mientras ejercía como gobernador de esta provincia, antes de ocupar el sillón presidencial.

Entre sus videntes personales se barajan nombres como el de Blanca Curi o Azucena Agüero, para no desentonar con otros muchos políticos que subyugan decisiones importantes a una baraja de tarot. Y es curioso, porque hasta parece que está bien visto el consultar a estos personajes, después de que se hiciera público que la esposa del presidente norteamericano Ronald Reagan tuviera un asesor que leía el destino en las estrellas.

Al igual que su vicepresidente en la primera legislatura, Menem se siente un elegido. En un reciente programa emitido por el canal Infinito de Buenos Aires, y que estaba dedicado a las profecías de Benjamín Solari Parravicini, el ex presidente argentino se confesaba un seguidor de las profecías de Don Bosco y del profeta argentino, y en un alarde de humildad se identificaba con un personaje que recurrentemente aparece en las psicografías de Parravicini: “El hombre gris”.

Entre los cientos de dibujos proféticos que Parravicini habría realizado, su contenido se sitúa entre los años 1935 y 2002. Muy especialmente en las últimas, el profeta porteño hace mención a “el hombre gris”, como protagonista de importantes cambios. Y es así que el ex mandatario argentino hacía un análisis de las características de este personaje y lo comparaba con su persona. Resulta curioso que las profecías de Parravicini, que tienen el típico sentido ambiguo que caracteriza a estas visiones, es interpretado por distintos autores como un héroe o un villano.

Por la personalidad de Menem, en su carácter de “elegido” y de personaje carismático, es frecuente verlo en todos los saraos de ricos y famosos. Y como a este tipo de reuniones acuden todo tipo de visionarios y profetas a los que la farándula es muy adicta, Menem acumula un rosario de fotografías posando junto a los videntes de moda.

Y las revistas del corazón los reproducen sin piedad. Sin embargo, y a pesar de que con algunos mantiene una relación más que anecdótica Carlos Menem, su concurrencia a curanderos y sanadores es “vox populi”, muy especialmente a los que visten sotana. Están entre los apadrinados por el ex presidente argentino el Padre David Sutil de Laferrere, o el exótico Padre Pedro. Pero ocupa un lugar especial un seguidor del italiano Padre Pío: José Mario Pantaleo. 

El padre Mario curó a Menem.

“Mario pasó sus manos por delante de mi garganta y me indicó con precisión milimétrica el lugar donde estaban los nódulos. Luego volvió a pasar las manos sin tocarme y murmuró una oración. Hecho esto me dio una palmada en el hombro y me dijo: No se preocupe por nada y manténgame al tanto”.

Así contó Carlos Menem –ante quince mil personas- la curación que el Padre Mario Pantaleo habría realizado y que le salvó de una intervención quirúrgica. Fue durante el velatorio del sacerdote en agosto de 1992. Al mandatario argentino le habían diagnosticado unos nódulos en la garganta que le estaban haciendo perder la voz.

Días antes de la operación, Menem visitó al sacerdote en su casa de la localidad de González Catán, ubicada en el extrarradio de Buenos Aires. “El día de la operación me volvieron a hacer una radiografía… pero para enorme sorpresa de los médicos ya no estaban. Habían desaparecido inexplicablemente y mi garganta estaba intacta”, relató Menem.

José Mario Pantaleo habría nacido en un pueblo de la provincia italiana de Firenze, llamado Pistoia. Su confesor fue nada menos que el famoso padre Pío y tras fijar su definitiva residencia en Argentina, Mario Pantaleo acabaría convirtiéndose en el “Padre de los Milagros”.

Por sus manos habrían pasado numerosos personajes de la vida pública argentina, entre los que se encuentran –además del ex presidente Menem- la esposa del también presidente Raúl Alfonsín, Ernesto Sábato y otros muchos personajes. “No hago milagros, sólo tengo a Dios a mi lado”, solía decir el cura de “González Catán”, que sufrió persecuciones dentro y fuera de la iglesia por sus prácticas.

Antes de su fallecimiento, el padre Mario dejó un par de fundaciones dedicadas a los más necesitados de esta localidad particularmente castigada por la miseria. Carlos Menem también incursionó en el mundo del Control Mental, y de toda técnica esotérica que le beneficiara en su carrera política. 

La vidente que proclamó a Alfonsín.

La periodista Viviana Gorbato relata en su libro “La Argentina Embrujada” una supuesta consulta a una vidente  que Raúl Alfonsín -que precedió a Menem en el cargo de máximo mandatario argentino, aunque con colores políticos distintos- habría realizado antes de llegar al sillón presidencial.

Durante la campaña que le llevaría a la Casa Rosada en 1983, Alfonsín habría dado un decepcionante mitin en la localidad de Lincoln, en la provincia de Buenos Aires. Todo le habría salido mal aquella jornada, y el candidato a intendente por su partido, Carlos Monasterio, lo habría llevado a consultar a una pitonisa local con el fin de darle ánimos.

Esta le habría vaticinado que ganaría las presidenciales (las primeras después de un prolongado Gobierno de facto) con unas cifras más holgadas que las esperadas. Tan bien le habrían sentado las predicciones de la bruja, que le prometió que cuando fuese investido presidente haría desde el balcón de la Casa de Gobierno un gesto que ella recordaría. Y aparentemente fue así.

Antes del gobierno de Alfonsín se sucedieron distintas juntas militares al mando de la Nación Argentina. Difícil resulta saber si aquellos militares, conservadores y ultra católicos, utilizaban los servicios mágicos de cualquier vidente o practicaban algún ritual fuera de la ortodoxia. Lo cierto es que a nadie se le ocurriría presentarse como el gurú o el adivino de algún miembro de la Junta Militar en un medio de comunicación, so pena de engrosar las listas de desaparecidos.

A pesar de ello, las vinculaciones del entonces comandante Massera, uno de los integrantes de la Junta Militar que arrebató el poder a Isabel Perón en 1976, habría tenido importantes contactos con la logia masónica italiana Propaganda Due (P-2) liderada por Licio Gelli. El italiano simplemente habría renovado sus contactos después de una intensa relación con un personaje llamado José López Rega, auténtico poder en la sombra durante el Gobierno de Isabel Perón y uno de los inquilinos más siniestros y esotéricos que tuvo jamás la Casa Rosada. 

José López Rega, “el brujo”.

José López Rega, “Lopecito”, ostentaba también otros motes, como “el brujo” o “el rasputín de la pampa”, lo cual dibuja un perfil de su personalidad. Policía retirado, se convirtió en mano derecha del General Juan Domingo Perón. Perón fue presidente de la Nación en tres oportunidades e indiscutiblemente fue uno de los líderes más carismáticos que tuvo el país.

López Rega entró en la vida de Perón en 1966, cuando logró convencerlo de que podía monitorear la salud del general en todo momento, gracias a la existencia de un “cordón umbilical” que los unía permanentemente. Las alabanzas de Rega hacia Perón y sus conocimientos esotéricos habían seducido completamente al general. Lopecito le había hecho creer que el presidente era la reencarnación de un faraón egipcio y que él estaba destinado para reencumbrarlo.

Rituales delirantes, talismanes y otros artilugios fueron utilizados por el brujo para engañar al presidente. Cuando Perón fue derrocado por los militares en 1972 debió exiliarse en España, donde vivió en su finca de Puerta de Hierro. Allí le acompañó su fiel “rasputín”, con todo su bagaje de delirios y esoterismo, que alcanzaron su cenit en 1972, cuando el “brujo”, en presencia del cadáver embalsamado de Evita, realizaba complicados y absurdos rituales pseudoespiritistas. El fin de estas prácticas habría sido, el transmitirle a Isabel “la energía aurea y los flujos de poder” que la carismática esposa de Perón poseía en vida, cuando era la abanderada de los “descamisaditos”.

Cuando Perón regresó a Argentina en 1973, y tras ser elegido presidente nuevamente “el General” devolvió a “Lopecito” los favores prestados y fue designado como Ministro de Bienestar Social y Comisionado de la Policía, lo que le otorgó inmensos poderes. Es así que de cabo que era, ascendió 26 grados en un día.

Tras la muerte de Perón le sucedió su mujer María Estela Martínez, “Isabelita”, a quien el brujo manipuló hacia sus intereses. Tras sus alianzas con la P-2, López Rega crea la “triple A” (Alianza Anticomunista Argentina), una especie de filial de la logia de Gelli donde inscribe a numerosos políticos y militares de ideas ultraderechistas. Paralelamente crea “escuadrones de la muerte” que siembran de terror las calles de Buenos Aires.

En 1975 viajó a España forzado por los escándalos, donde ejercería como embajador hasta el derrocamiento de Isabel por la Junta Militar en 1976. La pista de López Rega se pierde y se mantiene prófugo de la justicia argentina hasta que es apresado en 1986 en Estados Unidos y deportado a Argentina. El rasputín de la pampa murió en su celda mientras esperaba el juicio, víctima de un cáncer y embebido en su locura, donde escuchaba voces que le hablaban en su cabeza y le atormentaban.

La página escrita en la historia argentina por José López Rega es una de las más esotéricas de cuantas se vivieron en la Casa Rosada. Y aunque a su lado, las creencias mágicas de los últimos presidentes parecen minucias, cabe reflexionar sobre la situación actual del país y de que han servido los consejos y orientaciones esotéricas que han recibido.

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