La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas.

Peor imposible,... ¿o sí?

Por Eduardo Rodríguez Paz.

Como siempre sucede con estas notas para el DC de Cariló, al pié aparece mi firma y mi mail. Ello indica que soy el autor y me hago responsable de lo que digo. Por encima de ello, la gentileza de la Dirección del periódico DC hace que me pueda manifestar con absoluta libertad y nunca se me ha recomendado ni sugerido escribir o dejar de hacerlo, sobre un tema específico. Aclarado ello, procedo a expresarme como sigue.

El estado de deterioro de Pinamar es más que notable. No hay que ser demasiado perceptivo para darse cuenta que el abandono que presenta el Partido es el mayor en la historia reciente. Se nota una inactividad absoluta desde las máximas autoridades municipales hasta el último empleado del área ejecutiva. Tengo algunos amigos entre los más de mil empleados del municipio a la fecha. Esa amistad me permite hablar con ellos de este tema a calzón quitado. Ni uno solo, reitero, NI UNO SOLO, me ha dicho en conversaciones off the record que no tengo razón al afirmar lo que afirmo con respecto a la institución en que se desempeñan y que tendría que encargarse del normal funcionamiento de los temas ciudadanos del Partido.

Como los amigos a los que me refiero son gente de mi confianza, ciudadanos de bien y gente proba, sus aseveraciones dan por válidas las mías. Por lo tanto, parto de la base de no equivocarme en el análisis inicial. Ahora bien, ¿hasta cuándo durará la paciencia de los ciudadanos de a pie que pagamos religiosamente una vez al mes nuestros impuestos para que las autoridades (empleados nuestros, por supuesto) cumplan con sus más elementales obligaciones de devolvernos en forma de iluminación, limpieza, orden, seguridad, progreso, responsabilidad y dedicación la cifra con que los tenemos contratados trabajando para nosotros?

Las charlas del común de la gente con alguien que circula por los medios, como es mi caso, hacen notar un hartazgo cercano a la rebelión al que le hace falta solamente un agente catalizador para hacer explotar la indignación contenida. 

Ejemplos a rolete 

Desde la inoperancia que demuestra la gran mayoría de los municipales (por supuesto hay excepciones, pero pocas) que puede notarse a diario en la mala atención en un mostrador, la desidia de esos señores que para barrer arena de los cordones de una cuadra demoran tres días, las larguísimas sesiones de cebadura de mate en horario de atención al público (que de paso, ¿porqué trabajan siete horas en vez de ocho o nueve como todo el mundo?), funcionarios en bares de la ciudad en horario de trabajo y cientos (si cientos) de ejemplos más que se podrían aportar, hasta la máxima irregularidad que implica un ex Intendente procesado en varias causas judiciales y varios funcionarios de su gabinete en idénticas condiciones, hacen que la realidad de Pinamar sea deplorable y de una irresponsabilidad sublevante para el contribuyente que está abonando a partir del mes de agosto un 33% más en su impuesto municipal.

El Concejo Deliberante, que basó su compartimiento destituyente del ex Intendente Altieri (del que tenemos que soportar todavía la visión de su nombre en carteles, móviles y propagandas municipales) en el trabajo de un particular, como es el abogado Lucas Ventoso, que es el verdadero factotum del logro del Concejo, muestra también conductas internas desapacibles, con bloques desmembrados, denuncias entre pares y una manifiesta actitud de poco compromiso para con el pueblo que les dio ese sitial de honor que significa representarlo.

Todo ello no muestra una realidad que auspicie días mejores ni que se pueda cambiar antes de la temporada que casi está a las puertas de comenzar nuevamente, luego del emblemático y crucial 12 de octubre. 

Aventura bizarra en Cariló.

En Cariló se supone (porque en Pinamar no hay estadísticas ciertas de nada) que viven permanentemente unas quinientas o seiscientas personas. Los demás habitantes son circunstanciales, turistas que tienen una vivienda en la zona o que ocupan una plaza hotelera durante un breve lapso.

Poca gente como para representar a la totalidad del Partido. Sin embargo, los titulares de algunas inmobiliarias de esa zona de Pinamar se arrogaron la representación de vaya a saber qué intereses para presentar ante la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires un pedido de separación de Cariló de su actual Partido madre, Pinamar, y volver a pertenecer al de General Juan Madariaga, aduciendo para ello, entre otras fantasías, la falibilidad del decreto de creación de los partidos de la costa de la Provincia de Buenos Aires el 1º de julio de 1978, durante la gobernación de Ibérico Manuel Saint-Jean, abogado y General de División del Ejército Argentino.

Desde aquella época hasta nuestros días recuerdo a los intendentes de todos los nuevos partidos de la costa festejando la decisión y no oponiéndose. Nunca hubo un movimiento de oposición, ni siquiera de parte de General Lavalle ni General Madariaga a una decisión que se caía de madura por la forma en que habían crecido y desarrollado las poblaciones costeras que habían generado nuevas idiosincrasias, modos de vida independiente, gestión propia y progreso económico para los propios habitantes de los partidos originarios.

Cariló, por así decirlo, es un barrio del Partido de Pinamar. Con la mínima representación de sus habitantes semejante pedido no pasa de una fantochada rocambolesca de un mínimo grupo que debe esconder en sus intenciones, sin la menor duda, intereses de orden comercial. Poco digna la actitud de ese grupo al no consultar a la abrumadora mayoría del resto de sus “hermanos” en la desgracia del maltrato municipal en Pinamar. Este tipo de actitudes, en mi barrio, se denominaban “sacarle el culo a la jeringa y querer cortarse solos”. Una demostración de soberbia unitaria que los va a seguir marcando en el futuro como poco confiables para el resto de los habitantes del Partido que seguirá siendo, sin lugar a dudas, Pinamar.

Sin embargo, tengo un párrafo aparte para la fundamentación de ese pedido de secesión de los propietarios y comerciantes de Cariló. El comienzo de la carta elevada a la Gobernación decía: "Quienes formamos la Cámara Inmobiliaria de Cariló, Juan Santamarina, Silvia Melgarejo, Jorge Guerrero y Constantina Caldis, juntamente con los Sres. Teresa Guerrero, Julio Garro, Ángel Torres, Ana Maya, Pedro Sebess y Roberto Torres, en nuestra calidad de propietarios en la localidad de Cariló, Pcia. de Buenos Aires y en representación de la mayoría de los vecinos y comerciantes de Cariló, tenemos el agrado de dirigirnos a usted, para someter a su consideración, la factibilidad de que nuestra localidad vuelva a integrar el Partido de Gral. Juan Madariaga”.

Declaraciones posteriores de los firmantes (cuatro comerciantes inmobiliarios, no profesionales y seis vecinos) dijeron haber aportado dos mil doscientas firmas avalando dicho pedido. Si todas esas firmas fueron del modo de la mía personal, mintieron descaradamente. Le explico.

Antes de la entrega de la nota y por un tema profesional (soy Martillero y Corredor Público Universitario – Matrícula 1103 del Colegio de Graduados de Dolores), me apersoné al local de La Constructora del Bosque en Cariló. Allí charlé del tema que me llevaba con la señora Sara Valo. Concluida la conversación, la misma me hizo saber que estaban haciendo una encuesta con firma para saber si “consideraba que Cariló debía ser más ordenado, más limpio y mejor atendido”. Como la pregunta me pareció de una respuesta más que obvia, accedí de buen grado a firmarla, sin que se me diera ningún comprobante ni haber leído en un texto lo expresado por la vendedora de La Constructora del Bosque que me acercó la planilla.

Al enterarme de la presentación de este grupo de Cariló, que dice estar respaldado por esas firmas entre las cuales se encuentra la mía (así como la de cualquier otro viandante que paseaba en ese momento por Cariló), me sentí engañado y burlado en mi buena fe. Nadie me instruyó acerca de las verdaderas y ridículas intenciones que avalarían estas firmas. Estoy averiguando si mi nombre figura en la presentación a la Gobernación para instruir a mis asesores letrados al respecto de ese acto mendacidad en  contra mi persona y credulidad.

Finalmente me acabo de enterar que este mismo grupo de Cariló acaba de entregar a la Municipalidad de Pinamar, con la anuencia de sus autoridades responsables, una cantidad de litros de combustible para que las máquinas y los camiones oficiales realicen tareas de limpieza solamente en Cariló. En primer término esa “donación” debería haber sido aprobada por el Concejo Deliberante, como marca la Ley, y recién entonces aceptada por el municipio. No se procedió acorde a las leyes vigentes.

Y en segundo término, considero esa actitud un acto de discriminación hacia el resto de los habitantes del Partido de Pinamar que pagamos nuestros impuestos puntualmente y debemos dejar nuestros derechos de lado en beneficio de alguien que “coimea” al municipio para lograr una prebenda. ¿Son estos señores los que bregan por separarse de Pinamar y mantienen actitudes reñidas con las leyes, las normas de convivencia y las buenas costumbres los que pretenden enseñarnos normas de convivencia y de vida en lo que consideran es su ghetto privado, el barrio de Cariló integrado férreamente al municipio de Pinamar?

Falta de criterio, de elegancia (en realidad no se le pueden pedir peras al olmo), de estilo y demostración de poca cultura cívica para con sus congéneres habitantes del Partido de Pinamar. Poco serio el Intendente Muriale (marioneta del ex Blas Altieri), su gabinete, sus asesores y los Concejales que, sabiendo estos procederes no reaccionan como a los que los votamos nos gustaría que obraran.

Mi querida tía Clotilde solía adoctrinarnos con normas de vida del tipo de “El que las hace, las paga”. Como me gustaría que, en Pinamar, empezaran a pagarla los que hace mucho tiempo las vienen haciendo. Pero que sea pronto, ¡por favor!

Eduardo Rodríguez Paz.

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