La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas.

Cómo ayudar a un niño superactivo.

Por Gino Calderón A.

Muchos padres de familia y educadores en la actualidad se enfrentan con el dilema  de como conducirles a sus hijos o a sus alumnos, porque cada día se viene siendo más difícil el establecer la disciplina dentro del Hogar y de la Escuela. Al parecer los niños de hoy permanentemente solo quieren hacer lo que les viene en gana… Si te esfuerzas para imponer la disciplina sin resultados satisfactorios y estos siguen siendo desobedientes, hiperactivos o distraídos, no cumplen con sus  tareas en el hogar y escuela, eso es un motivo de preocupación, que en muchos casos el padre se ve obligado a recurrir a la violencia para ser obedecido, porque te saca de casillas y pierdes el control.

A veces ha pensado que su hijo es demasiado inquieto para su edad, es desobediente, nunca escucha, no se entera de lo que le dices, no permanece quieto ni un segundo y siempre está cambiando de actividad sin terminar lo que empieza. Además, en el colegio sus profesores le han confirmado el mismo malestar con el añadido de su dificultad para relacionarse con sus compañeros y, tal vez, un retraso escolar con respecto a los otros niños.

Estas y otras situaciones son las que principalmente viven a diario las madres, padres y educadores a mayores desafíos de sus pequeños, más rigor y más castigo ejercen sobre ellos, sin que se produzcan los resultados que se pretende corregir. A estos niños actualmente se les a “diagnosticado” con el síndrome de déficit de atención e hiperactividad.  

Los padres buscan soluciones como las terapias psicológicas, la ingesta de medicamentos o las terapias alternativas que intentan hacer del pequeño un niño “normal”. Es usual que niños sean fuertemente medicados sin tener la certeza de que tengan este síndrome. Aún en el caso de tenerlo, desgraciadamente los medicamentos utilizados hasta la fecha sirven solamente para mitigar los síntomas, y por el momento no se ha descubierto una cura definitiva del padecimiento.  

A consultarme llegan generalmente madres con hijos que tienen problemas de conducta en la escuela o el colegio. Las instituciones educativas, en la actualidad son los lugares en donde los docentes se enfrentan a una nueva generación de niños y adolescentes, con un sistema educativo obsoleto, con inexperiencia, desconocimiento, falta de recursos y otros factores en contra. Ante tal situación los profesores piden a los padres una solución para la permanencia de sus hijos en sus aulas.

En los últimos seis años he venido atendiendo a padres con estos casos, con muy buena acogida, gracias a que han puesto en práctica las técnicas para ayudar a estos niños y adolescentes, comprendiendo que son seres normales, con un coeficiente intelectual alto en la mayoría de los casos y que como padres o educadores hemos olvidado detalles de nuestra propia naturaleza humana, como el abrazo diario, las palabras afectuosas, recordar que los pedidos con autoridad o sin el entendimiento completo nos creaba rebeldía cuando éramos de la misma edad, que sobre todo no nos gustaba se discriminados en las conversaciones de los mayores o que se nos preste la atención a mis inquietudes.  

Si queremos niños y adolescentes normales, los padres y educadores debemos ser normales en nuestras actuaciones, es decir, reflejar buen ejemplo en todas nuestras acciones, que sean coherente a nuestra forma de hablar y pensar, recordemos que ellos solo “imitan” lo que el adulto realiza, se convierten en nuestros espejos y eso no gusta mucho a los mayores, por lo tanto, si queremos ayudarles a ser normales, nosotros tenemos que cambiar en nuestros hábitos alimenticios y el estilo de vida que refleje valores en nuestros actos, pero lamentablemente la mayoría de personas que me consultan desean terapias solo para los niños.  

El Trastorno del Déficit Atencional se presenta desde los primeros años de vida y puede durar incluso hasta la adultez, afectando el aprendizaje y la relación con los demás, ya que se asocia a una falta de autocontrol y dificultad para seguir reglas de comportamiento. Los niños llamados “malcriados” de la clase, los más desordenados o distraídos, son generalmente quienes padecen este trastorno, una dificultad o incapacidad para mantener la atención frente a determinadas actividades que perjudica su desempeño escolar y relaciones interpersonales. Estos niños tienen un coeficiente intelectual generalmente alto.

Si su pequeño además de tener  problemas con la atención, le cuesta relacionarse con otros niños debido a que siempre está cambiando de juego, no respeta los turnos y no sigue las reglas del grupo, es hiperactivo, demuestre su amor tratándolo como se debe, en lugar demostrarle su coraje pegándole.

El hogar es el lugar donde realmente se puede combatir la hiperactividad. Por un lado, porque de poco servirá que vuestro hijo acuda a un especialista si después lo que aprende allí no se pone en práctica dentro de casa y, por otro lado, porque la actitud familiar ante la hiperactividad y el estilo educativo contribuyen enormemente tanto a atajar el problema como a mantenerlo o aumentarlo.

Para bajar el índice de hiperactividad, sin recurrir a drogas los padres lo primero deben cuidar el régimen alimenticio de toda la familia, no solo del niño o adolescente afectado:

1.      Disminuir la cantidad de azúcares y carbohidratos en la dieta (para disminuir la formación de seratonina), químico cerebral causante de irritabilidad, inatención e intranquilidad durante el día. Muchos padres dicen a sus hijos, que si se portan tranquilos les darán un helado…  

El azúcar es el carbohidrato que empleamos con más frecuencia, es refinado y no contienen ningún otro nutrimento beneficioso, sólo suministran energía instantánea. En la Universidad de Harvard se testeó a un grupo de personas y se verificó que los que habían comido recientemente helados ricos en calorías y azúcar tenían dificultades para un simple test conversacional. Esto también puede relacionarse con el comportamiento perezoso de algunas personas que ingieren demasiado azúcar, pero uno de los aspectos más dramáticos del uso excesivo de azúcar es la predisposición que genera a volverse violento; cuando a personas con antecedentes de violencia se les suprimió el azúcar su temperamento agresivo tendió a disminuir o desapareció la reincidencia delictiva.  

Otro de los peligros señalados por el consumo en  exceso de azúcar refinado es la baja de los niveles de azúcar en la sangre generando hipoglucemia. Paradójicamente, a más azúcar más hipoglucemia con sus respectivos trastornos asociados: irritabilidad, cefaleas, agitación, bajo rendimiento intelectual, frustración, comportamiento explosivo, depresión, etc. La mortalidad por enfermedades coronarias está estrechamente vinculada al consumo de azúcar demuestra un estudio epidemiológico realizado por el Prof. John Yudkin de la Universidad de Londres comparando las tasas de mortalidad por afección cardiaca y consumo de azúcar tomando referencias de 15 países. Citado por Linus Pauling en “Como Vivir más y Sentirse mejor” de Editorial Planeta.  

2.      Evitar el uso de saborizantes y preservadores artificiales, ya que pueden causar alergia y por consecuencia hiperactividad.  

Los colorantes y aditivos artificiales utilizados habitualmente en productos alimenticios infantiles exacerban la hiperactividad en los niños, incluso en aquellos que no sufren ese trastorno, según un artículo publicado hoy en la revista médica "The Lancet". Un grupo de científicos de la Universidad de Southampton (sur de Inglaterra) estudiaron los efectos de los aditivos en las alteraciones del comportamiento infantil en un grupo de casi 300 niños, 153 de ellos de 3 años y otros 144 de 8 y 9.

A los niños se les dieron en unos casos dos mezclas de bebidas distintas que incluían diferentes aditivos, como el conservante benzoato de sodio (E122), utilizado en refrescos como "Pepsi Max", "Fanta" o "Sprite", y los colorantes artificiales E110, E102, E122, E124, E129 y E104, presentes en muchos caramelos y dulces. Por ejemplo, el E110 se utiliza en los aperitivos de maíz "Doritos". Los expertos detectaron indicios de hiperactividad los niños que habían consumido las bebidas que incluían aditivos, como un comportamiento bullicioso, pérdida de concentración, incapacidad para jugar con un solo juguete o completar una tarea y mayor locuacidad.  

Muchos padres y madres por comodidad les llenan de alimentos llenos de azúcar y aditivos a sus hijos y esperan que ellos se comporten normales y en vez de cambiar la dieta, les someten a torturas psicológicas y físicas para que se porten bien o reaccionen positivamente en su escuela, mejorando su conducta. La clase de alimentación que ingiere la familia y sobre todo los niños y adolescentes es la mayor causa de la hiperactividad.  

Lo segundo que aconsejo a los padres y maestros es promover nuevas actividades, especialmente físicas, como caminar, hacer deporte en familia. Limitar el uso de la televisión y videojuegos ya que promueven la irritabilidad y acortan los periodos de atención. Canalizar la energía creativa buscando actividades artísticas tales como: pintura, música, modelado en plastilina o arcilla, teatro, etc.  

Tercero, ayudarlo a formar rutinas que lo auxilien en el desarrollo de buenos hábitos. Enseñarle técnicas de relajación y concentración, así como Yoga y Meditación. Apoyarlo para que desarrolle actividades sociales. Permitirle y enseñarle a elegir.  

Y por último, mejorar la autoestima del niño con respeto, cariño, aceptación y apoyo.  Conocer más a su hijo, acercarse, fomentar una buena relación. Aceptar las limitaciones del niño y no forzarlo. Orientar a los profesores sobre el trato hacia su hijo. En caso necesario, considerar otras escuelas donde se le respete y apoye. Considerar la Terapia Familiar Tener mucha paciencia. Los animales, especialmente los perros, pueden ser unos excelentes compañeros de juego de los niños y como compañeros fieles y afectuosos forman parte activa y significada de la familia, con la que comparten vicisitudes, alegrías y tristezas.

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