La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas.

Revalorizar la cultura del esfuerzo.

Por Maria Cristina Chaler.

Cercenar el estudio de las ciencias es atrofiar el pensamiento de nuestros jóvenes embargando el futuro del país. Un pueblo que no piensa dependerá siempre de aquel que lo hace. Cuanto mejor pensemos, mejor viviremos.

El economista Theodore W. Schultz, expresó en un artículo publicado en The American Economic Review, bajo el título “Investment in Human Capital”: “Los economistas saben desde hace mucho tiempo que la gente es una parte importante de las riquezas de las naciones, ya que la capacidad productiva de los seres humanos es mucho más grande que todas las demás formas de riqueza juntas”.

Casi siempre suele hablarse de gastos en educación, cuando en realidad se trata claramente de una inversión. Si un país descuida la educación, y la cultura del esfuerzo pasa a ser algo “pasado de moda”, los resultados pueden ser nefastos. Parte de ello lo estamos comprobando actualmente.

Muchos de nuestros jóvenes (sobre todo los pertenecientes a la clase media alta) viven con fervor el presente, sin idea de futuro, demostrando tendencia al facilismo, falta de interés en el estudio y una peligrosa pérdida de la riqueza del lenguaje. El placer parece ser en general su primer objetivo.

Su poca resistencia a la frustración hace que ante un escollo abandonen lo que están proyectando, buscando caminos más simples con el permanente apoyo paterno, aún cuando ya transitan edades en las deberían enfrentar la vida solos. Se encuentran poco preparados para sobrellevar los inconvenientes de la vida, tanto en lo laboral como en sus estudios.

Estas actitudes se ven en algunos casos casi avaladas por las autoridades de las instituciones educativas y por los propios padres, que los sobreprotegen como si el esfuerzo y la frustración fueran fieras capaces de dañarlos, de modo que prolongan por largos años la inmadurez de los jóvenes, desarmándolos para enfrentar los escollos cotidianos.

Para revertir esta realidad sería conveniente encarar estrategias de cambio desde las instituciones educativas. Las autoridades deben sostener una firme posición frente a los jóvenes y transmitir a los padres la necesidad de profundizar los límites, valorando el esfuerzo de hoy como una inversión para el mañana.

Vivimos los resultados de una tendencia educativa que impera desde hace años en nuestro país. En determinadas especializaciones de la escuela media se ha dejado de profundizar el estudio en general, y en especial el de las ciencias exactas. Los conocimientos se transmiten pobremente, con estrategias “modernas”, para que los estudiantes la pasen lo mejor posible, pues la exigencia es tomada hoy en día como autoritarismo o represión.

Es necesario revalorizar el concepto de autoridad y adecuar el proceso de enseñanza aprendizaje a los tiempos presentes, en los que nos dirigimos hacia una sociedad del conocimiento. De lo contrario, seguiremos vaciando de contenido a nuestros jóvenes y formándolos en la cultura del facilismo.

Adolescente significa adolecer, es decir es el adolescente es alguien que posee una falta, que aún no esta formado completamente. Por lo tanto, no puede ser él quien guíe o encamine el proceso de enseñanza mediante de sus opiniones, generadas por el placer o displacer que le provocan determinados estudios. Los profesionales de la educación son los docentes, y ellos deben tomar libremente y sin presiones, las decisiones educativas.

En estos últimos años, el concepto de autoridad se perdió y el poder fue tomado por el adolescente, quien, a través de sus opiniones y quejas, de las que sus padres se hacen eco, perjudican la tarea del profesor. La toma de decisiones en el aula le corresponde al adulto profesional, con el único fin de beneficiar al estudiante para el futuro. Resulta cruel que un adulto se coloque en una posición no madura y entre en un juego perverso, en donde el primer perjudicado es el educando.

Las matemáticas, la física o la química son consideradas hoy por la mayoría de los estudiantes como asignaturas frías, cuyo principio y fin sería la tediosa aplicación de extensas reglas, en algunos casos obligatoriamente memorizadas, cuando en realidad son disciplinas que tienen la finalidad de colaborar en la resolución situaciones problemáticas, uno de los verdaderos objetivos científicos.

Lamentablemente, buena parte de los docentes transmiten los conocimientos para que hagan una resolución mecanizada de los distintos ejercicios, de modo que los alumnos adquieren rutinas operativas, en lugar de enfocar el aprendizaje de las ciencias hacia la resolución de situaciones problemáticas, en las que se ejercita el pensamiento.

El adolescente se pregunta casi siempre para qué estudia matemática física o química si no las aplicará en el futuro. Esta inquietud, muchas veces, es compartida por los adultos y hasta por algunas autoridades. Desconocen que estas disciplinas tienen como finalidad colaborar en el desarrollo del pensamiento científico, aún para aquellos que encaren su vida fuera de estos campos. Así, estas asignaturas terminan siendo en la escuela media, tediosas, sin sentido, y se convierten en objetos de temor, siendo un tema de conflicto entre alumnos, padres, autoridades y profesores.

Así como el gimnasta desarrolla su musculatura con la práctica de la actividad física, se ha comprobado que el estudio de las ciencias tiene una acción positiva sobre los procesos mentales más complejos del ser humano, ya que favorece la evolución del pensamiento analítico deductivo, inductivo y analógico.

Con la matemática y sus distintas aplicaciones se desarrolla la abstracción. La física y la química fortalecen los pensamientos deductivo, inductivo y analógico. De este modo, el adolescente se va preparando para hacer uso de los mismos, sea en su trabajo, su profesión, su oficio, o simplemente en su vida cotidiana. Es un error creer que sólo los científicos necesitan de este tipo de pensamiento.

Un buen abogado para desempeñarse exitosamente en su profesión deberá generar estrategias, inducirá al juez con sus argumentaciones en la demanda o en la defensa, y deducirá de las pruebas que se le presentan haciendo comparaciones de las Leyes que aplica en el caso que esta tratando. No es casual que en los planes de estudio de todos los países del mundo - y sobre todo en los que poseen más desarrollo tecnológico, como Japón - se le dé tanta importancia a estas asignaturas y se profundicen en todas las especialidades.

En las primeras etapas de su evolución el niño posee un pensamiento concreto. El estudio de las matemáticas en los primeros pasos por la escuela favorece la maduración del pensamiento abstracto, que completará alrededor de los 18 años. Si bien el pensamiento crítico es favorecido por el estudio de las ciencias sociales cuando se realiza en forma comparativa, no memorística y relacionada, para comparar y relacionar necesitamos de las armas que nos despiertan las ciencias exactas.

Hoy, que se avecina una reforma educativa, debemos tener en cuenta la enorme importancia que tiene la enseñanza de las ciencias, desde el preescolar, hasta finalizada la escuela media. Es necesario introducir estrategias de juego en los primeros pasos, de modo que el niño no les tema a estas disciplinas, sino que disfrute de las ellas y pueda profundizarlas a medida que avance en sus estudios.

En el caso de la física y la química, podríamos generar experimentos y despertar la magia en los laboratorios, y para las matemáticas plantear la resolución de situaciones problemáticas de la vida cotidiana que resulten de interés, acerquen a su estudio y generen el gusto por las mismas.

Los adultos debemos tener en claro cuál es objetivo de estudiar ciencias a lo largo de los distintos niveles educativos. Debemos fomentar y alentar a nuestros jóvenes para que superen la frustración que muchas veces les provoca el estudio de estas materias, por su complejidad.

Todos sabemos que no es fácil desarrollar un músculo, ya que para ello se necesita de tesón y esfuerzo. Tampoco es fácil desarrollar un pensamiento elevado, pero si se logra, aseguraremos el futuro de la juventud y de nuestro país. El progreso verdadero no le resulta fácil a nadie.

María Cristina Chaler es Licenciada en Ciencias Químicas (UBA), egresada del Profesorado en Disciplinas Industriales (INSPT - UTN) y del Posgrado en Dirección y Administración de Instituciones Educativas, del Instituto Superior del Profesorado Joaquín V. González. Con amplia experiencia en la creación de métodos rápidos de aprendizaje de las Ciencias Exactas (nivel Universitario y Medio) y en la articulación de la enseñanza media y universitaria para el aprendizaje de Ciencias.

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