La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas.

El exorcismo de Argentina

Por Norberto Zingoni.

En la penumbra de la habitación hay dos sacerdotes sentados en bancos de madera pegados a la pared. Uno de ellos el más flaco, de cara angulosa y ojos vivaces es de La Plata. El otro es de la catedral de San Isidro. Ambos son versados en exorcismo. Sin embargo y dado que un sacerdote exorcista jamás hace un diagnóstico solo, y debe consultar primero con un médico psiquiatra para que le informe si el paciente presenta alguna característica patológica, aparece en la escena otra persona.

El tercer hombre en la habitación es el emérito profesor y médico psiquiatra (E.P.R.) quien llevará la responsabilidad del exorcismo; el profesor les había llevado -en días anteriores- una carpeta voluminosa con hechos de la historia argentina en la cual él probaba que era imposible otra curación que no sea por el exorcismo porque el problema del país ya no es político ni social ni económico.

No es racional -les había explicado el científico a los sacerdotes- que tantos dirigentes (todos de distintos partidos y origen) y a través de tantos años se equivocaran cuando les tocó dirigir al país y lo fueran hundiendo cada vez más. Les explicó que cuando la situación de enfermedad social se posterga en el tiempo hay factores profundos que hacen fracasar cualquier intento racional.

Le costó convencerlos. Pero el profesor al fin los convenció recordándoles que es doctrina que lo diabólico se encarna no solo en personas, sino que, en casos excepcionales, en regiones o países. Hay lugares que están endemoniados. Y se los probó trayéndoles documentación de varias zonas del mundo donde quedó demostrado. Y citó también a Maimónides: (): “Hay cosas cuya comprensión se halla dentro del alcance de la mente humana; hay otras que la mente no puede concebir de manera alguna y por ningún medio”.

Y les citó también a un escritor argentino, Osvaldo Soriano: “Como la Argentina, El Morocho (el profesor les explicó a los sacerdotes que el relato hablaba del gran cantor Carlos Gardel) cultivó la apariencia y el ocultamiento; llegó a la cumbre […] y cuando iba a entrar a las luces de Hollywood, el destino lo detuvo. Como a la Argentina. No fue una falla del piloto lo que abatió el avión, fue Dios. No son los argentinos quienes han destruido este país, simplemente Dios que no los quiere”.

En el centro de la habitación hay una mesa de madera oscura. Sobre ella hay:

• un pequeño trozo del Gorro frigio y una cajita de cristal con un puñado de cenizas del mausoleo de San Martín que –nadie sabía cómo- ayudantes del profesor habían recogido de la Catedral. El profesor estaba convencido de que son las dos cosas más representativas del país y que es a través de esos objetos que había que exorcizar a la argentinidad. Además, la mesa contenía:

• dos pequeñas vasijas de vidrio una con aceite y otra con agua.

• los manuales del ritual de exorcismo.

• la Cruz

(Ésta es la copia secreta que levantaron los sacerdotes)

Acta de exorcismo de la República

En el mes de la Santísima Trinidad y la Santa Eulalia del año santo 2013 se formaliza la presente acta para dar cuenta de las oraciones que verteremos para liberar del demonio a la República conforme nos lo solicita el egregio profesor don Enrique P.R., profesional médico psiquiatra de nuestro conocimiento y que ha jurado guardar el secreto de estas actuaciones, y que da por probado que no hay otra solución para la República más que por nuestra participación religiosa. Luego de purificar con óleo sagrado y el agua bendita y los dos trozos de argentinidad que se nos presenta procedemos a pronunciar las diversas oraciones que da cuenta el ritual dejando constancia de que:

Primero: El exorcismo público sólo puede ser hecho por sacerdotes autorizados por su obispo como está prescripto por el derecho canónico pero el exorcismo privado también puede ser hecho por laicos. Como será este caso.

Segundo: El exorcismo privado no tiene ritual. En el público, el sacerdote unge con óleo al afectado, lo rocía con agua bendita y recita oraciones.

Tercero: Por tanto asumimos el diagnóstico del egregio profesor P.R que afirma que, efectuados todos los estudios pertinentes, se concluye que el demonio ha tomado posesión de vastos sectores del país -en especial, la ciudad de Buenos Aires- y que sólo puede liberarse de los demonios a la República mediante este exorcismo.

Cuarto: Le hacemos saber al egregio profesor exorcista que la Iglesia sugiere que los síntomas de una intervención diabólica que habilita a un cura a practicar un exorcismo son:

• La aversión vehemente del afectado a Dios, la Virgen, los santos, la cruz y otros símbolos sagrados: lo damos por probado, aquí todos blasfeman.

• Que hable en lenguas desconocidas: lo damos por probado, en Argentina nadie se entiende. Parece que se hablaran distintas lenguas. El profesor nos cuenta que el INDEC y otros organismos del Estado hablan en lengua desconocida.

• Que localice objetos escondidos o distantes: el profesor habla de un programa (PPT) que está descubriendo algunas cuentas en el extranjero.

• Que demuestre una fuerza superior a su contextura física (prueba: D’Elía).

Asegura el profesor con pruebas escritas que todos estos males se dan en la República (más los que se describen más abajo) por lo cual decidió este ritual.

Que además de las oraciones de los suscriptos se deja que sea el egregio profesor exorcista quien diga las oraciones y los pases que considere aplicables sobre los objetos simbólicos a sanar. El exorcismo es una orden por la cual se exige al demonio que se retire del alma afectada. La liberación, en cambio, es una oración por la que se pide a Dios que la persona se cure. La oración que el exorcizante ha elegido fue la siguiente:

Te ordeno y mando (en este acto el exorcista profesor E.P.R se rectifica, dice que eso de “ordeno y mando” suena a militar (“milico”, dijo en realidad). Le explicamos que el exorcista debe dar órdenes a los demonios para que abandonen el cuerpo de la República (“Si fuera tan fácil”, murmura el médico exorcista). Recomienza la ceremonia el egregio profesor exorcista:

Amado país fundado al borde del río in argentum, hago esta oración para que seas liberado de brujos, magos, delincuentes, brunneis (Morenos, agrega el exorcizante) y chantapufis varios (“¿No tiene otra palabra?”, se le pregunta al exorcista) que te han embrujado -continúa el exorcista- y asolado en tu faz, y tu corazón. Hago este conjuro para liberarte de cualquier sortilegio, maleficio, estafas varias o ceremonia demoníaca que te hayan hecho y que te impide ser feliz.

En presencia de estas sagradas cenizas y del trocito del gorro frigio te suplico: libérate de tus demonios, serás lo que debas ser o no serás nada. No fuiste nada hasta ahora, pero bueno… para eso hago este exorcismo, al fin y al cabo cincuenta años de penurias y pobreza e inflación, y afanos (en este acto los sacerdotes tuvimos que parar la ceremonia ya que no entendimos lo que dijo el exorcista con eso de afanos), de desfalcos a la fe pública (corrige), cincuenta años digo, pudieron aguantarse, pero ¡basta ya!

¡Fuera demonios colectivos! , en fin, querida patria fundada al borde del río in argentum, termino esta ceremonia derramando sobre ti este óleo sagrado de Samuel (en este acto el exorcista toma una aceitera con óleo sagrado y la agita por todo el cuarto. (Dejamos constancia que el exorcista está en trance. Nos embadurna a todos los sacerdotes, pero es el precio de tan magna obra). Finis ceremoniae.

Fuente: El Informador Público.

Editoriales